Análisis 26 Septiembre, 2017. • Marco Antonio Mares
jueves , octubre 19 2017
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Análisis 26 Septiembre, 2017.

La vida sigue… Los trágicos terremotos de septiembre, primero en Chiapas y Oaxaca, y la semana pasada en el Centro del país, son eventos impredecibles, pero para México como país, de consecuencia...

La vida sigue…

Los trágicos terremotos de septiembre, primero en Chiapas y Oaxaca, y la semana pasada en el Centro del país, son eventos impredecibles, pero para México como país, de consecuencias económicas muy reducidas, localizadas y coyunturales, aunque como la gran lección de vida que son pudieran traer consigo grandes cambios, como sucedió con todo lo que se aprendió en 1985.

Hay que contextualizar

A pesar de las dramáticas escenas que vemos en los medios de comunicación, producto de los sismos de septiembre, en México en ningún momento se han caído las telecomunicaciones, las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea. El servicio de electricidad en las zonas afectadas ha sido resuelto en menos de 72 horas en su totalidad. Algo que, por cierto, los habitantes de Texas y Florida no pueden presumir. En la Ciudad de México existen por lo menos 2 millones de inmuebles. El Registro Público no tiene un censo exacto de cuántos hay. De esa cantidad,sólo 38 colapsaron y tal vez habrá que demoler entre 100 y 200. Al cierre de esta edición, con una población que supera los 20 millones de habitantes, la cantidad de personas que lamentablemente fallecieron por el sismo no llegaba a 200 en la Ciudad de México.

Otro punto que es muy importante señalar es que ninguna cadena de  ministro está comprometida, la infraestructura de la Ciudad de México no sufrió daño alguno, salvo la caída de un par de puentes peatonales y grietas en el pavimento, lo que permitió mantener las líneas telefónicas y celulares con servicio después de la tragedia, y que al día siguiente, es decir el miércoles 20 de septiembre, bancos y Casas de Bolsa pudieran dar servicio sin contratiempos, sin aglomeraciones ni tumultos de personas desesperadas por sacar su dinero, y que las principales variables financieras nacionales como el Tipo de Cambio, Tasa de Interés y Bolsa Mexicana de Valores, operaran con relativa tranquilidad,mucho más atentos a lo que sucedía con la Reunión de Política Monetaria de la FED que a lo sucedido en la capital del país.

Al cierre de esta edición, ninguna emisora de la BMV o gran empresa del país, incluido Pemex y CFE, reportan daños importantes que puedan comprometer sus operaciones. Sus oficinas corporativas se encuentran en excelente estado,su información perfectamente respaldada, e incluso Pemex opera con total normalidad. No se digan las empresas automotrices y sus plantas, las empresas aeroespaciales en el Bajío, las de software en Jalisco o las industriales de Nuevo León. Lo mismo podemos decir de cada una de las playas y centros turísticos de renombre internacional, así como la totalidad de los aeropuertos. En la Ciudad de México las afectaciones en número de vuelos fueron de sólo 200, y en la tarde del mismo día del segundo terremoto el aeropuerto ya operaba con
normalidad.

México es un gran país, donde a pesar de haber resentido los efectos devastadores de dos terremotos en menos de un mes, algo tal vez sin precedente alguno para una metrópoli, opera en completa normalidad a menos de una semana del segundo terremoto. Hace dos semanas “Irma” arrasó con la Isla de Barbuda en un 95%. El huracán tenía una dimensión mayor a la propia Isla, por lo que hubo que evacuarla por completo y quedó inhabitable, algo no visto en 300 años. El huracán “Harvey” tuvo un costo para Texas de 100,000 mdd e “Irma” de 190,000 mdd para Florida. Han pasado semanas y partes de Houston siguen sin electricidad al igual que regiones en Florida.

México, en menos de 72 horas, ya había recuperado su servicio eléctrico. Podemos concluir que antes de los sismos de septiembre la economía nacional ya presentaba signos evidentes de desaceleración al haberse estancado el comercio minorista y presentar fuertes caídas de la producción industrial en julio, donde sólo el aumento de las exportaciones de manufactura y el incremento del empleo formal permitían mantener el crecimiento nacional. Las malas cifras no podrán atribuírsele a los sismos de ninguna forma, tal y como sucedió en 1985, cuando las muertes y edificios colapsados se contaban por miles. En ese año la economía mexicana creció, no bajó.

Reconstruir o remendar

México no es un país pobre, como a los partidos políticos y gobierno les encanta decir para recibir cada año más recursos. El Presupuesto para el 2018 es de 5.2 billones de pesos. Si el gobierno recorta sólo el 3% a cada entidad y Secretaría podrá juntar 150,000 mdp, dinero suficiente para transformar el futuro de estados completos, hundidos en la marginación como Chiapas y Oaxaca.

El terremoto de Chiapas y Oaxaca debiera permitirle al gobierno mexicano hacer que esas dos entidades renazcan: crear pequeñas ciudades con parques, calles pavimentadas y banquetas, drenaje y agua potable para todos, así como escuelas de todos los niveles y buenos hospitales públicos.

Si hay 60,000 casas siniestradas, con 500,000 pesos para cada una se requieren 30,000 millones. Si hay 2,000 escuelas siniestradas, con 10 millones para cada una se tendrán 2,000 escuelas de muy buen nivel en infraestructura con 20,000 millones. Se pueden gastar
otros 20,000 millones en autopistas de cuatro carriles, 20,000 millones más para dotar de infraestructura de primer nivel a esas ciudades y el gasto sumará 70,000 millones. Si se hace lo mismo en Morelos y Puebla el gasto en ambas entidades sumará 30,000 – 40,000 millones y aun así todavía sobraría dinero. México es un país muy rico porque tiene 123 millones de habitantes, cuyo PIB es de
20 billones de pesos. En el caso de la Ciudad de México, como ya se mencionó, su infraestructura no está fuertemente dañada. Con 5,000 millones se podrán construir las escuelas que se deban derrumbar y parques donde hayan colapsado edificios, pero lo más importante será dictaminar la razón por la cual colapsó cada edificio siniestrado. Antes de 1985 el Reglamento de Construcción no era el adecuado para una zona de alta sismicidad, pero las construcciones posteriores tienen director de obra responsable y autoridad
que las supervisó con firmas de cada uno.

Si queremos que la ciudad mantenga su dinamismo y no se dé un éxodo de personas asustadas por lo que pasó en las colonias Roma, Condesa, Portales, como sucedió en 1985, hay que llegar hasta las últimas consecuencias y deslindar responsabilidades de cada edificio
siniestrado. Sería muy grave para la Ciudad de México perder la confianza de los jóvenes en el sector de la construcción, que ha sido muy dinámico en los últimos 10 años.

A futuro

Las grandes tragedias, como las que vivimos en México en septiembre, nos invitan a reflexionar sobre cuáles son las bases que sostienen a nuestra economía y si éstas corren peligro inminente. México es un país muy grande y muy diversificado en su economía y en sus centros de población, cuya inmensa mayoría no fueron afectados.

Para las empresas y personas es momento de revisar los planes de emergencia ante catástrofes inesperadas, seguros contra daños, comunicación del personal, lugares alternativos de reunión,seguridad de la información crucial de la empresa “en la nube” y líneas de
crédito ante una contingencia. Los cambios que se hicieron al Reglamento de Construcción a raíz del terremoto de 1985 salvaron, 32 años después, muchas vidas, por lo que siempre se puede y se debe aprender de las tragedias.

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