Análisis 06 Febrero, 2018. • Marco Antonio Mares
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Análisis 06 Febrero, 2018.

PREOCUPACIÓN AL INICIO DEL AÑO La incertidumbre ante el entorno internacional por la renegociación del TLCAN y la reforma fiscal de los EUA, así como por la posibilidad de que la inflación se man...

PREOCUPACIÓN AL INICIO DEL AÑO

La incertidumbre ante el entorno internacional por la renegociación del TLCAN y la reforma fiscal de los EUA, así como por la posibilidad de que la inflación se mantenga fuera del rango objetivo del banco de México (3% +/- 1 punto) y ahora por la incertidumbre política por el periodo electoral, generan un ambiente de nerviosismo que propicia la percepción de un bajo ritmo de crecimiento no solo para este año, sino para los dos siguientes.

Recientemente el INEGI informó que, de acuerdo con su estimación preliminar, “durante el cuarto trimestre de 2017 la actividad económica en México registró una expansión como resultado del crecimiento de las manufacturas y de los servicios, y al comenzar a revertirse los efectos de los desastres naturales ocurridos en el trimestre anterior”, lo que se reflejó en un crecimiento anual de 1.8%, de tal manera que para todo el año el avance del PIB fue de 2.1%. Sin embargo, aunque este resultado es similar al pronóstico de los especialistas, estuvo por debajo del pronóstico de 2.3% de Criterios Generales de Política Económica (CGPE).

Aunque se prevé una modesta mejora en el ritmo de crecimiento para el presente y los próximos dos años, respecto al avance del 2017, el nerviosismo por la coyuntura económica y política limita una mejora en las expectativas. Para el presente año los CGPE anticipan un avance de 2.5%, mientras que el pronóstico de los especialistas del sector privado, de acuerdo con la encuesta que realizó el Banco de México durante enero, anticipan un incremento del PIB de 2.19% para 2018, 2.35% para el 2019 y 2.41% para el 2020, cuando en 2014 diversas opiniones oficiales y privadas anticipaban que, con las reformas estructurales aprobadas, a finales del sexenio estaríamos creciendo a tasas de 5%.

Evidentemente estamos lejos de ese objetivo y las posibilidades de lograrlos se debilitan ante un entorno complejo como el que se anticipa para esta año.

En materia de inflación, el riesgo proviene de la volatilidad del mercado cambiario y del aumento del precio internacional del crudo, además del efecto generado por la deuda total, pese a que las más recientes cifras muestran una moderada baja como porcentaje del PIB después de 10 años consecutivos al alza.

En este entorno, el pronóstico de los especialistas anticipa que la inflación al cierre del 2018 será ligeramente superior a 4%, lo que implica que regresar al rango objetivo del Banco de México tardará más de lo anticipado. Evidentemente esto limitará una recuperación del poder adquisitivo, después de que los incrementos contractuales fueron negativos a lo largo de todo el año pasado. Recuperar toda esta pérdida podría convertirse, en el inter, en una limitante del consumo y por ende de un menor ritmo de crecimiento.

Por otro lado, la Secretaría de Hacienda entregó su reporte trimestral sobre la situación económica y las finanzas públicas al cuarto trimestre del año, en el que se perciben esfuerzos por una mayor disciplina en la asignación de los recursos, aunque también se percibe cierta debilidad en las fuentes de ingresos recurrentes.

Al cierre del 2017 los ingresos presupuestales sumaron 4,947.2 miles de millones de pesos (mmp), lo que significó una disminución de 3.7% real. Si se excluyen los recursos provenientes del remanente de operación del Banco de México, los ingresos disminuyeron 5.3% real. La recaudación tributaria se contrajo 0.9%, después de que en el 2016

creció 11.9% y en el 2015 se elevó 27.2%. A su interior resalta la caída de 15.7% por concepto de recaudación del IEPS, pero también un menor avance en el cobro del ISR (3.4%), tras haber aumentado a tasas de dos dígitos en los dos años previos. Esto puede ser señal de una actividad económica menos dinámica.

En materia de gasto público, se reporta una baja de 8.7% real, lo que refleja una mayor eficiencia en la asignación de recursos, toda vez que el gasto corriente disminuyó 3.1%, representando su segunda baja en los últimos 13 años (en 2004 disminuyó 0.4%). Sin embargo, preocupa que el gasto de capital, especialmente en el rubro de inversión física, se haya reducido 26.3%, lo que muestra la limitada cantidad de recursos destinada a la actividad productiva, especialmente a través de infraestructura. No por nada las cifras de cuentas nacionales indican que la inversión pública en los primeros tres trimestres del 2017 representó 2.9% del PIB, la segunda cifra más baja desde 1939 (con la corrección de cifras al cambiar de base a pesos del 2013, en 1998 representó 2.6%).

Ahora la principal fuente de gasto público es el no programable, como resultado del incremento de 6.3% en el costo financiero de la deuda y de 5.0% en las participaciones a entidades federativas, en este caso, a pesar de que los ingresos disminuyeron.

Una buena señal es que, después de diez años consecutivos al alza, la deuda total del sector público como porcentaje del PIB se redujo de 48.7% del PIB en 2016 a 46.2% en el 2017, es decir, 2.5 puntos porcentuales menos. Sin embargo, se debe tener en cuenta que este resultado integra el remanente del Banco de México que se destinó a pago de la deuda. Si se excluye este concepto, la reducción de los compromisos totales del sector público habría sido de 1.5 puntos porcentuales. El hecho a resaltar es que pareciera ser el inicio de una tendencia a la baja en materia de deuda.

Posiblemente el resultado más relevante durante el 2017 fue el aumento en los recursos que entraron al país por concepto de remesas familiares, que sumaron 28,771.2 millones de dólares, la cifra históricamente más alta. Esto representó 542,954 millones de pesos que fortalecieron el consumo interno.

Para algunos resulta difícil entender como en medio de una situación migratoria tan compleja fue posible que los trabajadores mexicanos en los Estados Unidos acumularan los suficientes recursos para enviar esta cantidad de remesas.

Esto, independientemente de la situación migratoria, refleja que el país vecino goza de un ambiente de libertad y seguridad para hacer negocios, gracias a un sólido estado de derecho que estimula la inversión, facilita la actividad económica y la generación de empleos mejor remunerados. Esto hizo posible que la masa salarial generada por 7.4 millones de trabajadores mexicanos sumara 248,010 millones de dólares en el 2017, lo que equivale a 4.7 billones de pesos, según un estudio de CEMLA. Es increíble como en un ambiente de seguridad y facilidad para hacer negocios es posible que este número de trabajadores, que representa el 14% de la población ocupada en México sea capaz de generar el equivalente a poco más del 20% del PIB total de nuestro país.

La opinión de los especialistas del sector privados se alinea con esta percepción ya que consideran que actualmente los principales factores que podrían obstaculizar el crecimiento de la actividad económica son: la incertidumbre política interna y los problemas de inseguridad pública.

Como dijimos, las expectativas para el presente año son complejas, pero también las condiciones pueden ser las propicias para plantear soluciones contundentes en temas que son fundamentales para establecer un ambiente de libertad y seguridad para invertir.

México 

De acuerdo con la estimación preliminar del INEGI, en el cuarto trimestre del año el PIB creció 1.0% respecto al periodo previo, después de haber registrado una caída de 0.3% en el tercer trimestre. El mayor dinamismo se observó en las actividades primarias que tuvieron un incremento de 3.1%, seguidas de las actividades terciarias que aumentaron 1.2% y las secundarias 0.1%. Con estos resultados, la comparación anual del PIB muestra un avance de 1.7%, que se apoyó en el aumento de 4.0% de las actividades primarias y de 2.6% en las terciarias. Por el contrario, las actividades secundarias cayeron a una tasa anual de 0.7%, baja similar a la del trimestre anterior.

De acuerdo con los indicadores de opinión empresarial que publicó el INEGI, el sector manufacturero es el que muestra una mejor percepción sobre el entorno general, toda vez que en enero el indicador de confianza de este sector se ubicó en 50.4  puntos, lo que significó un aumentó 0.6 puntos porcentuales, respecto al mes previo, 6,6 puntos por arriba de su nivel reportado el mismo mes del año pasado y la primera ves después de 25 meses en superar el umbral de los 50 puntos. Por el contrario, el indicador de confianza del sector construcción reportó una disminución mensual de 2.1 puntos porcentuales para ubicarse en 44.5 puntos, con lo que acumuló 36 meses consecutivos por debajo del umbral de los 50 puntos. A pesar de esto, su comparación anual muestra una mejora de 4.4 puntos. En el caso del sector comercio el indicador general se ubicó ese 46.9 puntos al disminuir 0.1 puntos en el mes, con lo que sumó 38 meses ininterrumpidos por debajo del umbral de 50 puntos. No obstante, su comparación con el mismo mes del año pasado muestra un avance de 4.4 puntos.

Estados Unidos

El Departamento del Trabajo informó que en enero se generaron 200 mil nuevos empleos no agrícolas, cifra que superó tanto el dato del mes previo de 160 mil nuevos puestos de trabajo, como el pronóstico del mercado que anticipaba 180 mil nuevos empleos. Las nóminas del sector privado aumentaron en 196 mil empleos, resaltando el aumento de 139 mil en el sector servicios. En la construcción se contrataron 39 mil y en la manufactura 15 mil nuevos trabajadores. Por su parte, la tasa de desempleo se mantuvo en 4.1% por cuarto mes consecutivo. De acuerdo con los especialistas, la evolución del mercado laboral podría llevar a salarios más altos, presionando el comportamiento de la inflación, lo que puede ser base razonable para que la Reserva Federal piense en una alza de tasas de interés en su reunión de marzo.

De acuerdo con el reporte del Departamento de Comercio, en diciembre pasado el ingreso personal aumentó a un ritmo mensual de 0.4%, en línea con lo que anticipaba el mercado, pero ligeramente por arriba del aumento de 0.3% del mes previo. El incremento de 0.5% en los sueldos y salarios aumentaron y al alza de 1.2% en los ingresos por intereses personales, fueron los rubros que mayor incidieron en el comportamiento del ingreso personal. Por su parte, el gasto personal también tuvo un aumento de 0.4% en el mes, aunque en este caso, este resultado fue menor tanto al aumento de 0.5% esperado por el mercado como al de 0.8% registrado un mes antes. Un tema importante es que la tasa de ahorro personal disminuyó de 2.5% a 2.4%, que es su nivel más bajo desde 2005, lo que indica que los consumidores podrían estar ahorrando menos porque se sienten mejor acerca de sus perspectivas de empleo e ingresos.

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