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Arturo Carranza Guereca

Almacenamiento de energía: hacia economías descarbonizadas

Ante los estragos que ocasiona el incremento de la temperatura, las naciones toman decisiones para abordar la crisis climática

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En el mundo se avanza hacia la descarbonización de las economías. Ante los estragos que ocasiona el incremento de la temperatura del planeta, las naciones adoptan medidas y toman decisiones para abordar la crisis climática. Aunque algunas lo hacen con mayor determinación y compromiso que otras, en términos generales se puede hablar de una consciencia climática vigorosa.

Parte fundamental de esta consciencia incluye el uso de las energías renovables para generar electricidad. Siendo el sector energético uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero, los responsables de elaborar las políticas públicas de este sector y las empresas que participan en sus mercados se han abocado en las últimas décadas a desarrollar tecnologías que abaratan el uso de estas energías, principalmente de la eólica y la solar.

Gracias a ello, hoy las energías renovables representan un porcentaje importante de la generación eléctrica en el mundo. Si bien su empleo viene aparejado de beneficios ambientales y económicos, al tiempo en que abona a la diversificación de la matriz energética, su creciente uso plantea desafíos importantes para los sistemas energéticos.

Las energías renovables eólica y solar son variables: su naturaleza se traduce en posibles cambios rápidos en la generación de electricidad. Esta característica, asociada a las condiciones climáticas, dificulta el balance entre la energía que se genera y la que se consume. Para que su carácter variable no se convierta en un obstáculo que frene su integración a la red eléctrica, es necesario contar con sistemas eléctricos flexibles.

La flexibilidad de un sistema eléctrico implica decantarse por diversos métodos de generación combinados de manera paralela con redes eléctricas sólidas y con sistemas de almacenamiento de energía que permitan equilibrar los desajustes entre la oferta y demanda eléctricas. En este sentido, proveer a los sistemas eléctricos de almacenamiento resulta determinante para asegurar el flujo de energía constante. Esto, en pocas palabras, significa hacer efectiva la integración de las energías renovables en los sistemas energéticos y avanzar hacia economías descarbonizadas.

Un sistema de almacenamiento de energía se define como aquel mecanismo o dispositivo que almacena energía para su uso posterior, ya sea a corto o largo plazo, de forma intensiva o de forma mantenida en el tiempo. Estos mecanismos o dispositivos se diferencian en función del tipo de proceso a partir del cual almacenan y liberan la energía. Al respecto, resulta pertinente señalar que, además de las baterías, existen otras tecnologías de almacenamiento como el bombeo hidráulico, la energía térmica de centrales termo-solares y los súper condensadores. De hecho, las baterías suponen el menor porcentaje de este mix tecnológico.

Los sistemas de almacenamiento de electricidad se han utilizado principalmente para desplazar la programación del suministro de energía eléctrica al almacenar electricidad cuando su valor es bajo y descargarla cuando es más alto. El valor de la electricidad, bajo esta lógica, proviene de evitar que operen los generadores más caros (Flexibilidad del Sistema Eléctrico para la Transición Energética, IRENA).

Por otro lado, las tecnologías de almacenamiento de energía aplicadas a las redes eléctricas de transmisión y distribución se emplean para mitigar oscilaciones en un sistema eléctrico ante la integración de energías renovables en la red eléctrica. Como ya se ha dicho, la generación de energía a partir de fuentes renovables eólica y solar depende de las condiciones aleatorias del clima, lo que puede afectar la confiabilidad operativa de la red eléctrica. El almacenamiento de energía, en este sentido, es una alternativa para disminuir este problema y para mantener un sistema eléctrico robusto y confiable (Prioridades Nacionales sobre almacenamiento de energía en la red eléctrica de México, José Luis Silva Farías).

Algunos de los retos de escala global a los que se enfrenta el desarrollo de los sistemas de almacenamiento de energía están asociados con el establecimiento de marcos regulatorios óptimos, la ponderación que el almacenamiento debe tener en las tarifas finales y con incentivos para desarrollar estas tecnologías que tomen en cuenta la importancia de los servicios de soporte que brindan a la red eléctrica. En el caso particular de México, el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) ha registrado que las barreras para su aplicación se encuentran particularmente en las bases de mercado, la normatividad de los sistemas de almacenamiento de energía, la madurez de algunas tecnologías de almacenamiento, los precios del mercado para nuevos servicios conexos, entre otros.

En todo caso, a nivel internacional hay plena consciencia sobre la importancia de fomentar la inclusión de tecnologías de almacenamiento en las nuevas centrales eléctricas de energía renovable en aras de acelerar la penetración de esta generación en los sistemas energéticos y poder lograr la descarbonización de las economías del planeta. A este respecto, en algunos países ya es obligatoria la inclusión de estos sistemas en cualquier nueva central eléctrica renovable.

En el caso de México, las autoridades energéticas han argumentado que, dado que los sistemas de almacenamiento de energía son tecnologías incipientes, todavía no pueden contemplarse como una opción para fortalecer la flexibilidad del Sistema Eléctrico Nacional. Su apuesta para garantizar la confiabilidad y continuidad de la operación de las redes eléctricas se basa en su deseo por favorecer la energía eléctrica que se genera con fuentes fósiles, en perjuicio de la renovable.

De cara al potente desarrollo que los sistemas de almacenamiento de energía han tenido en los últimos años, la apuesta de las autoridades energéticas en México se antoja osada e innecesaria. Si se pondera su funcionalidad e importancia, no cabe duda de que tarde o temprano será parte esencial del sistema eléctrico en México. Frente a la crisis climática y la necesidad de descarbonizar la economía, ojalá que esto ocurra más temprano que tarde.

Por Arturo Carranza Guereca 

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