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Arturo Carranza Guereca

Situación actual de Pemex

Hay necesidad de preparar el terreno para discutir una reforma fiscal que garantice el apoyo del gobierno a Pemex y que permita aumentar la inversión pública y financiar los grandes pilares de un Estado de Bienestar Social

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Arturo Carranza, Columna 2021

El viernes pasado Petróleos Mexicanos (Pemex) dio a conocer sus resultados financieros y operativos al primer trimestre de 2021. Como es usual en una empresa tan grande y compleja como Pemex, la información presentada contiene aspectos positivos y negativos. Frente al cúmulo de datos difundidos, que viene acompañado de verdades a medias, resulta difícil sopesar la situación actual de la petrolera.

En un esfuerzo por construir una mejor comprensión de su estado actual, lo más útil es analizar los resultados en el contexto de recuperación que vive la industria petrolera internacional y, sobre todo, de cara al apoyo financiero que el gobierno mexicano le viene otorgando. Esto último es relevante porque, dadas las decisiones que se están tomando para “rescatar” a Pemex, cada vez son mayores los cuestionamientos sobre los alcances y límites de la intervención gubernamental. 

Un análisis desde esta perspectiva permite apreciar, primeramente, que la recuperación de los precios del petróleo ha favorecido la operación de las empresas petroleras en todo el mundo. En el caso particular de Pemex, el incremento de 42% del precio promedio de la mezcla mexicana durante el primer trimestre del año hizo posible que la petrolera obtuviera una mayor rentabilidad en sus proyectos de exploración y producción. Este hecho explica, en gran medida, el aumento de los ingresos de la empresa y la reducción de la pérdida neta durante el periodo.

En lo que concierne al apoyo del gobierno, aun cuando la ayuda a desahogado algo de la presión a la que está sometida la petrolera, ésta se ha dado a partir de un alto costo de oportunidad. Dada la magnitud de la deuda de Pemex y la poca efectividad que el apoyo ha significado en lo que se refiere a la reducción de las obligaciones financieras, surge una primera pregunta: ¿vale la pena continuar con el apoyo del gobierno a la empresa?

La administración de Pemex argumenta que sí. Desde su óptica, el apoyo ha sido una pieza fundamental para resolver gradualmente la difícil situación de la empresa. De manera particular, señala que la producción de petróleo y el proceso de crudo en las refinerías ha aumentado gracias a la reducción en la tasa del Derecho de Utilidad Compartida que Pemex paga a la Secretaría de Hacienda y a las aportaciones patrimoniales del gobierno a la petrolera.

Si se observan los resultados en materia de producción de petróleo, no obstante, se puede ver que durante los primeros tres meses de 2021 el nivel de extracción de hidrocarburos líquidos se redujo 1.4% con relación al mismo periodo del año anterior. Con estas cifras no resulta difícil replicar que los retos que conlleva la declinación natural del principal yacimiento de la empresa, Ku-Maloob-Zaap, son más grandes que el apoyo del gobierno. De ahí muchas de las dudas con respecto a qué tan útil es la ayuda gubernamental.

En cuanto a los niveles de proceso de crudo en las refinerías y de producción de petrolíferos, en el primer trimestre de 2021 se observa una clara mejora en el desempeño de ambos indicadores. Después de dos años del inició del Plan Nacional de Refinación – principal herramienta pública para revertir el deterioro del Sistema Nacional de Refinación- parece ser que el apoyo del gobierno empieza a dar resultados. Al menos así lo reflejan los datos de los primeros tres meses del año. En este periodo, el proceso de crudo en las refinerías y la producción de petrolíferos aumentaron 37% y 42%, respectivamente, con respecto al mismo periodo de 2020.

Aunque desde la narrativa de la Cuarta Transformación esto pueda representar una bocanada de oxígeno, lo cierto es que la realidad de Pemex es mucho más compleja de lo que se expone a partir de estos indicadores operativos.

A este respecto, vale la pena observar el estado de las obligaciones financieras de Pemex al primer trimestre de 2021. En este sentido, su deuda financiera total aumentó 4% con respecto al cierre de 2020 para ubicarse en $113 mil 900 millones de dólares. El incremento se da a pesar de las medidas del gobierno, quien en febrero anunció un beneficio fiscal y una aportación patrimonial a Pemex por un monto conjunto de $6 mil 900 millones de dólares, y en marzo dio a conocer que se encargaría de cubrir las amortizaciones de la deuda de la empresa.

Lo antes referido permite cuestionar, como ya se hizo en párrafos anteriores, la utilidad de la ayuda gubernamental en términos de su eficacia. También abre la puerta a una segunda interrogante: ¿tendrán las finanzas públicas la suficiente fortaleza para continuar apoyando a Pemex?

En vista de que el gobierno ha renunciado a la participación de los privados para apoyar a la empresa petrolera con recursos frescos, parecería que la pregunta correcta tendría que abordar las opciones para fortalecer las finanzas públicas de suerte tal que la calificación crediticia de México no se ponga en riesgo. Es en este contexto donde surge la necesidad de preparar el terreno para discutir una reforma fiscal que garantice el apoyo del gobierno a Pemex y que, como lo ha venido señalando espléndidamente Francisco Suárez Dávila en una serie de textos, permita aumentar la inversión pública y financiar los grandes pilares de un Estado de Bienestar Social.

Por Arturo Carranza Guereca 

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