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Carlos González

Poco Margen de Maniobra

La incertidumbre generada por la cancelación del NAICM en octubre del año pasado y la llegada de la nueva administración, generó incertidumbre entre los inversionistas

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Adiós al Dinero Barato

La incertidumbre generada por la cancelación del NAICM en octubre del año pasado y la llegada de la nueva administración, generó incertidumbre entre los inversionistas provocando una salida de flujos hacia finales del año pasado, reflejándose en una caída del mercado accionario de más del 20% y una depreciación cambiaria cercana al 10%, al pasar nuestra moneda de niveles de $18.75 a $20.6.

Lo anterior, logró revertirse en parte durante enero, por lo menos de manera temporal, con la recompra de bonos del NAICM (sin implicación en las finanzas públicas) y la presentación de un presupuesto fiscal responsable para este año, donde se logró incorporar las promesas de campaña, sin incrementar el déficit fiscal de 2.5%, ni la deuda como proporción del PIB (45.3%) y proponer un superávit primario del 1% del PIB, sin incrementar impuestos y con supuestos económicos realistas. No obstante, quedaron dudas respecto a la reasignación del gasto disponible, pues claramente se observó una tendencia más asistencialista que productiva, con pocos incentivos a la inversión y sobre todo con poco margen de maniobra.

Veamos, en primer lugar, la actividad económica comienza a perder dinamismo, algunos indicadores dan muestra de ello, como el recién publicado indicador coincidente, el cual se ubicó en su menor nivel desde febrero de 2011. La tendencia de desaceleración seguramente continuará durante el 2019, ante un escenario externo (e interno) que muestra un menor ritmo de crecimiento. De hecho, el FMI recientemente bajó las expectativas del crecimiento global de 3.7% a 3.5%, y para nuestro país, bajó sus estimados del 2.5% al 2.1%. Sin embargo, este dato parece optimista respecto al promedio estimado por el consenso de analistas que actualmente ya lo ubican en 1.8%, aunque hay quienes estiman que nuestra economía apenas crecerá el 1.0%. A este hecho habrá que añadir los problemas recientes del desabasto en gasolina, el despido de empleados del gobierno, la reducción de sueldos en el sector público, bloqueos en vía férreas, huelgas, entre otros puntos, que podrían seguir restando dinamismo económico.

Un crecimiento más lento a lo proyectado pudiera cambiar el perfil financiero de nuestro país y poner en riesgo no solo los programas sociales y las promesas de campaña, sino las finanzas públicas, lo que podría implicar una baja en la calificación crediticia.

Además, es importante mencionar que mientras esto sucede en nuestro país, el FMI subió las expectativas de crecimiento para Brasil (nuestro principal competidor por flujos) al 2.5% desde el 2.4% estimado previo. Lo anterior quiere decir que Brasil se ve mucho más atractivo que nuestro país para la atracción de inversiones, lo cual nos pone en una seria desventaja para proyectos productivos y de generación de empleos de largo plazo.

Otro reto importante que enfrentamos como país en materia económica, es Pemex. Hace unos días la calificadora Fitch bajó la calificación crediticia de la empresa más importante de nuestro país en dos escalones, de BBB+ a BBB-, y además la dejó con perspectiva negativa, lo anterior quiere decir que la calificadora percibe un mayor riesgo de incumplimiento de sus obligaciones financieras, derivado de la disminución en su volumen de producción, la falta de recursos para inversión, el sobreendeudamiento y la elevada carga fiscal.

En seis meses, las principales calificadoras volverán a revisar la estabilidad financiera de la empresa, su rentabilidad y las garantías de cumplimiento, y de no cumplir con las expectativas, se corre el riesgo de una disminución adicional en la calificación, con lo cual perdería el grado de inversión, y con ello, muchos fondos e inversionistas internacionales se verían obligados a vender sus posiciones, provocando una salida importante de capitales, con posibles implicaciones en el tipo de cambio, en tasas de interés y posiblemente con riesgo de contagio a la deuda soberana y a las finanzas públicas, pues implicaría destinar mayores recursos al costo de la deuda y por lo tanto dejaría menores ingresos gubernamentales con sus respectivas consecuencias.

El problema sin duda es mayúsculo, ya que Pemex requiere levantar recursos para cumplir sus compromisos, pero sobre todo para incrementar su producción, por lo que es importante el apoyo gubernamental, en un contexto donde el Gobierno actual parece no estar debidamente enfocado y pretende la construcción de una refinería (poco rentable y mayor gasto), aunado a la cancelación de licitaciones que formaban parte de la reforma energética (que implicaba menos inversión en proyectos productivos).

El paquete de medidas extraordinarias por parte del Gobierno para fortalecer Pemex, como la inyección de capital y bajarle la carga fiscal, implica también que el Gobierno tenga menos recursos y no queda claro como éstos serían sustituidos. Si no hay más impuestos, tendrá que haber un recorte al gasto (incluyendo promesas de campaña) o incurrir en mayor deuda (con su incumplimiento en el objetivo del superávit primario del 1.0%). Esto último afectaría también las finanzas públicas, la calificación soberana y la estabilidad financiera.

Las calificadoras se encuentran a la expectativa de los planes de Gobierno y sobre todo a los resultados. Los recursos son escasos y tendrán que ser bien utilizados, no hay margen de maniobra ni caminos cortos.

Carlos Alberto González Tabares / Director de Análisis de Monex Casa de Bolsa

[email protected]/ @carlosgtabares; @monexanalisis;

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Marco Mares
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