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Carlos López Jones

ECONOMÍA Y CONTAMINACIÓN

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A una semana de haber iniciado el Hoy No Circula en su versión aumentada, las cifras de contaminación son confusas y aunque todo apunta a que la nueva reglamentación buscará reducir el número de autos en circulación, como era antes del amparo, lo cierto es que hace falta más y mejor transporte público y desincentivar el uso del automóvil, como sucede en las grandes urbes.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a través de sus Institutos de Investigación Ambientales, ha señalado que las cosas van a empeorar, ya que el Hoy No Circula aumentado es tan sólo un paliativo y, en consecuencia, no es la panacea ni la solución al problema, mientras que el Instituto Molina, cuyo fundador es Premio Nobel gracias al descubrimiento precisamente de los gases invernadero, dice que se deben mejorar otros aspectos como el transporte público, emisiones industriales, etc., por lo que el jefe de gobierno, Miguel Mancera pide urgentemente 5 mil millones de pesos a la Federación, misma que ya se los negó por falta de recursos, después de haber anunciado un nuevo recorte al presupuesto federal de 172 mil 500 millones de pesos.

La población por su parte, se dice engañada porque gastó en autos último modelo para poder circular todos los días de la semana; considera que el transporte público contamina mucho (más que se vehículo), y no observa una reducción significativa de la contaminación a pesar del esfuerzo que lleva a cabo, por lo que pareciera que siempre son los mismos lo que pagan las malas políticas de otros, además de que el Metro y Trolebús no se dan abasto ante una mayor demanda de servicio.

Personalmente, puedo decir que varios de mis vecinos que cuentan con autos clásicos, que antes solamente usaban una o dos veces por mes, ahora los usan de forma alternativa cuando su auto último modelo no circula, por lo que estimo -sin ser experto en el tema-, que su huella de carbono aumentó con la aplicación del Hoy No Circula en por lo menos 20 veces, ya que sus autos clásicos son de 8 cilindros sin catalizador, frente a sus autos último modelo, muy eficientes en el consumo de gasolina de 3 cilindros y tienen un rendimiento de entre 15 y 20 kilómetros por litro, frente a sus autos clásicos cuyo rendimiento debe estar entre 1 y 3 kilómetros por cada litro de gasolina. Me parece un grave error incluir a los autos Doble Cero en el Hoy No Circula aumentado, por ejemplo.

Ahora bien, ¿qué debe hacer el Gobierno de la Ciudad de México y la llamada Megalópolis para abatir la contaminación?

En primer lugar debe copiar los modelos de otras grandes ciudades del mundo que han logrado limpiar sus cielos mediante los mecanismos “lógicos” que son, impulsar el uso del transporte público, desincentivar el uso del automóvil y reducir los tiempos de traslado de sus habitantes.

Y aterrizando lo anterior en medidas concretas para la Ciudad de México, porque en Tendencias Económicas siempre hemos considerado que es injusto criticar sin aportar soluciones y que las políticas públicas son el 20 % de la solución y el 80 % restante son las medidas concretas para lograrlo, habría que hacer lo siguiente:

Si en la Megalópolis circulan 5 millones de automóviles, entonces hay que aplicar un impuesto ecológico de 2.00 pesos adicionales al precio del combustible. Al circular 5 millones de autos diariamente, que gastan en promedio 7 litros diarios estamos hablando de una recaudación de 2 mil 100 millones de pesos al mes o 25 mil 200 millones de pesos al año, 5 veces más de lo que pide el Jefe de Gobierno para mejorar el transporte público, por ejemplo.

Entre abril y junio de cada año, la gasolina en la Ciudad de México debe costar no 13 pesos el litro sino 20 pesos el litro, ya que es la época del año cuando hay menos corrientes de aire y mayores temperaturas, lo que es propicio para que los gases invernadero no permitan que el ambiente de forma natural se limpie. Ello dará una recaudación adicional de 20 mil millones de pesos adicionales suponiendo una reducción de 20 % en el uso del automóvil.

Esos 45 mil 200 millones de pesos anuales debe dividirse en 4 segmentos. Por un lado usar 10 mil millones de pesos para mejorar el transporte público de la Megalópolis, pasar de camiones a diésel para el Metrobús, a unidades eléctricas o que usen hidrógeno. Lo mismo para camiones de recolección de basura, motocicletas de policía, etc.

Otros 10 mil millones de pesos anuales para incentivar la compra de automóviles eléctricos con un subsidio para el comprador de 100 mil pesos por unidad, de tal suerte que cueste lo mismo comprar un auto híbrido que circula diario, frente a uno tradicional, lo que incrementará la demanda de estas unidades como sucede en Japón y California, así como obligar a las empresas a usar unidades eléctricas para reparto y recolección, como actualmente lo lleva a cabo de forma muy exitosa Bimbo, por ejemplo.

Otros 15 mil millones para el transporte público y hacer todo lo necesario para que como sucede en Japón, donde el 80 % de la población tiene auto pero no lo usa, ya que tiene a dos cuadras de su casa y oficina una estación del metro.

Finalmente 10 mil millones de pesos para proyectos de gran alcance, como alguna vez se consideró hacer túneles en las montañas adyacentes por donde la contaminación pueda salir de esta olla, llamada Valle de México, o como sucede en muchas ciudades, tener centrales de transferencia a 5 o 10 kilómetros de la ciudad, donde llegan los grandes camiones, dejan su mercancía y son pequeñas unidades eléctricas o que usan hidrógeno, las que entran a la ciudad para repartir las mercancías. Es probable que ello incremente los precios finales de bienes y servicios entre 0.50 y 1.00 peso, pero es el costo de vivir en una gran ciudad.

Sin lugar a dudas, subir el precio de la gasolina es una medida muy poco popular, pero es muy efectiva, tanto para recaudar, porque se puede contar fácilmente el número de gasolineras en la Megalópolis y los litros vendidos en cada una, y sí logra desincentivar el uso del automóvil.

La empresa Uber, conforme aumenta la demanda por sus servicios, aumenta su tarifa. Un viaje que normalmente cuesta 35 pesos, con demanda puede llegar a 50 pesos, pero ahora con el Hoy No Circula Aumentado llegó a costar entre 100 y 150 pesos y al llegar a ese precio, la demanda se estabilizó y, quien buscó un Uber y estuvo dispuesto a pagar esa cantidad por su viaje, obtuvo el servicio que necesitaba en ese momento.

Es decir, si se cumple la Ley de Oferta y Demanda y al subir el precio, baja la demanda, por ende, con la gasolina, al subir el precio, bajará la demanda de la misma y muy probablemente si en la Ciudad de México la gasolina entre abril y junio o julio cuesta 20 pesos, quien vaya a la esquina ya no usará su automóvil.

Igualmente, cobrar más por la gasolina solamente en la Ciudad de México y con ello financiar un mejor transporte público, demostrará al resto de los estados que se puede tener impuestos locales para problemas con soluciones locales; que se puede y debe depender mucho menos de la Federación.

No podemos dejar de señalar que la Ciudad de México debe reorganizar su crecimiento. Seguir creciendo a lo largo y no hacia lo alto, genera mayor tiempo de traslado, costo de traslado y contaminación por el tiempo de uso del automóvil, además de que es un uso muy poco eficiente de la infraestructura que ya se tiene.

Es mucho más costoso poner agua, drenaje, recolección de basura, pavimento, policía, luz, escuelas, etcétera, en 50 nuevas manzanas para 1000 familias, que permitir la construcción de 5 torres de edificios en una manzana donde hoy existen 50 casas que ya cuentan con servicios públicos en la actualidad. Lo anterior se puede hacer sin subir impuestos, pero es necesario replantear cómo deseamos que siga creciendo la Megalópolis.

Perspectivas:

Es necesario, urgente y prioritario mecanismos alternos para financiar la construcción y mejora del transporte público de la Ciudad de México y de las grandes urbes del país, subiendo el precio de la gasolina. Quien más contamina que pague más, y que sea el ciudadano y no la autoridad la que racione el uso del automóvil.

Fortuna y Poder

Marco Mares
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