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Columna

Despidiendo a Obama, esperando a Trump: Nuevas oportunidades para negociar

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Daniela Blancas

En la última semana, el discurso de despedida de Obama tomó el centro de atención en el mundo. Las diferencias entre el ex presidente Barack Obama y el presidente Donald Trump se han hecho más presentes, en particular, porque este último parece querer cortar los grandes brazos del legado de Obama en sus primeros días en la oficina. Obama se despidió con una de las popularidades más altas para un presidente saliente, con un cierre de su ciclo presidencial positivo. Recordemos que Obama recibió la economía estadounidense sumergida en una de las peores crisis de la historia, con un sistema financiero a punto de quebrar y una fuerte erosión en la riqueza de las familias estadounidenses. El discurso de esperanza en ese entorno le dio el triunfo 8 años atrás. Aunque el primer periodo de Obama fue mucho más lento en términos de logros, en los últimos años aceleró el ritmo para cerrar con un fuerte legado que marcó su presidencia. La recuperación económica, la cobertura sanitaria (Obamacare), el fortalecimiento de los derechos de la comunidad LGBT, el acuerdo climático y progresos en energías limpias, avances en la equidad de género y la regulación a Wall St, son algunos de sus mayores resultados. Por el contrario, algunas críticas radican en el débil rol en la escena internacional, en particular frente a Rusia, Medio Oriente, el terrorismo y que haya conseguido cerrar por completo Guantánamo. Otro de los grandes pendientes de la administración Obama y en particular hacia México fue la falta de una reforma migratoria significativa. Se calcula que en la administración Obama se deportaron cerca de 3 millones de migrantes.

Una de las grandes críticas que se escribirá dentro del capítulo Obama, será la fuerte división que enfrenta la sociedad y la elección de un presidente extremista que lo sucedió. Según recientes encuestas, Trump entra a su mandato con una de las popularidades más bajas para un presidente entrante del pasado reciente. Las manifestaciones del fin de semana, particularmente en Washington D.C., pero también alrededor del mundo, y la baja asistencia a la inauguración demuestran que la sociedad no le va a poner fácil el entorno al presidente entrante. Si bien, la incertidumbre sigue siendo muy alta, durante el primer fin de semana de su mandato Trump ha mantenido el tono agresivo. En su primera conferencia de prensa el 11 de enero, volvió a hacer ataques específicos hacia México seguido de comentarios de armadoras que tienen pensado retirar o no seguir invirtiendo al mismo ritmo en México. En la ceremonia de inauguración, el mensaje siguió llamando a recuperar fronteras, trabajos y riqueza (la cual se asume que ha sido robada por los extranjeros). El mensaje fue a favor del proteccionismo comercial y nuevamente arremetió en contra del sistema político tradicional.

Aunque la presidencia de Obama dejó muchas promesas sin cumplir, esperamos algo similar en la actual presidencia y que al cierre del mandato el balance sea positivo, aunque esto cada vez se vuelva más complicado.

Dado que el mensaje de Trump no ha sido más conciliador, el escenario cada vez se ve más complejo para el país. Recientemente, Trump anunció que se reunirá con el gobierno canadiense y mexicano para negociar el TLCAN. La comitiva mexicana incluye al Secretario de Relaciones Exteriores, el de Economía y una semana después se reunirán ambos presidentes.

Como les comenté en un par de columnas atrás, sigo considerando que México tiene opciones para negociar. Una de ellas, y que recientemente ha comenzado a escucharse más, es el presionar por diferentes frentes en distintos gremios importantes. Para esto se requiere comenzar a hacer acercamientos con estados u organizaciones específicas y llegar a ciertos acuerdos de cooperación. Por ejemplo, en el pasado el gobierno mexicano ha tenido acercamientos importantes con el gobierno de California para la cooperación en energías limpias. Existe también ayuda de varias ciudades y organizaciones que protegen a migrantes indocumentados (ciudades santuarios y la Operación Monarca) y los lazos en materia cooperación educativa se han ido estrechando. También productores agrícolas, en especial de maíz, ya han levantado la voz hacia la nueva administración para mantener el acceso al mercado mexicano. Es importante encontrar estas necesidades y que el gobierno federal o los gobiernos estatales comiencen a extender mayores vínculos con estados y organizaciones estadounidenses. Esto brindaría mayores cartas a la hora de negociar el futuro de la relación bilateral y el TLCAN. Es posible que en las siguientes semanas tengamos mayor de claridad en los aspectos de la renovación o renegociación del TLCAN, proceso que considero que llevará mucho tiempo en concretarse. No obstante, no debemos de descartar los alcances del cabildeo político con el congreso estadounidense, ni con la sociedad civil para poder intentar llegar a la mesa con mayores herramientas y una estrategia más clara.

México debe hacer uso de una de las frases más poderosas que Barack Obama pronunció en un discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas en 2012: “The strongest weapon against hateful speech is not repression; it is more speech” (El arma más fuerte en contra de un discurso de odio, no es la represión, sino mayores pronunciaciones).

Daniela Blancas

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Marco Mares
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