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Arturo Carranza Guereca

Energía asequible y no contaminante

El suministro eficiente y confiable de electricidad es impulsor fundamental de la competitividad y factor que impacta en el crecimiento

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Arturo Carranza, Columna 2021

El mundo avanza en el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos. De acuerdo con Naciones Unidas, la proporción de la población mundial con acceso a la electricidad pasó de 83% en 2010 a 90% en 2018. La electrificación no sólo ha significado un proceso técnico que permitió que más de mil millones de personas accedieran a la electricidad en los últimos ocho años. También ha sido un proceso social con implicaciones profundas, que ha hecho de la energía eléctrica no solo un servicio sino una necesidad básica.

El suministro eficiente y confiable de electricidad es impulsor fundamental de la competitividad y factor que impacta en el crecimiento económico. Cuando las empresas acceden a tarifas eléctricas competitivas, los bienes y servicios que ofrecen suelen ser de mejor calidad, beneficiando con ello a los consumidores, a las familias, a las industrias y a los países en general.

Como la energía eléctrica se ha vuelto tan esencial en la vida diaria, muchas veces perdemos de vista los esfuerzos y las inversiones que hay detrás de un interruptor eléctrico. Tienen que pasar eventos como el apagón de finales de diciembre en México o como la tormenta invernal que azota actualmente a Estados Unidos para tomar conciencia sobre lo importante que es contar con electricidad.

Para avanzar en el acceso a la energía eléctrica, los países deben diversificar las fuentes de generación de energía. Las energías renovables, en este sentido, juegan un papel clave. Además de su gran potencial para disminuir las emisiones contaminantes y mitigar el cambio climático, ayudan a que los sistemas de energía cuenten con una canasta energética equilibrada.

El uso de las energías renovables para generar electricidad ha aumentado rápidamente en los últimos años al rededor del planeta. Diversos tipos de políticas gubernamentales, el abaratamiento de las tecnologías, las variaciones en el precio de los combustibles fósiles y el aumento de la demanda energética global son elementos que han fomentado su utilización.

A nivel mundial, el ritmo de crecimiento de la capacidad instalada de las energías renovables se ha incrementado sustancialmente durante los últimos años. Información de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) revela que entre 2018 y 2019 ésta aumentó 8.3%. En el caso particular de México, el crecimiento de la capacidad instalada de las energías renovables fue de 5% entre 2018 y 2019. A partir de este aumento, según el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional 2020-2034, la capacidad instalada de generación eléctrica con fuentes renovables en nuestro país es de 26 mil 743 megawatts, lo que representa el 31% de la capacidad instalada de generación total.

De cara a una matriz energética en la que día a día las fuentes renovables van ganando terreno, se vuelve evidente la necesidad de lograr que todas las fuentes de energía tengan una participación en el suministro eléctrico para evitar riesgos técnicos y operativos que afecten las redes eléctricas. Más que necesidad, debemos de hablar de oportunidad: el desarrollo de las tecnologías de la información ha acelerado la capacidad de la industria para controlar, monitorear y coordinar diferentes fuentes y actividades, facilitando así el crecimiento y la mayor utilización de los recursos energéticos descentralizados.

Los actuales son tiempos que demandan abocarse en las soluciones y no en los problemas. En este sentido, si nuestras autoridades verdaderamente quieren impulsar la generación eléctrica con fuentes renovables, bien podrían instrumentar acciones que permitan que el sistema eléctrico nacional transite de una realidad donde la generación eléctrica responde a una demanda inestable, a otra donde la demanda eléctrica se pueda flexibilizar para responder a una generación inestable.

Actualmente a nivel internacional se discute un cúmulo amplio de propuestas para alcanzar una demanda flexible, que van desde tarifas eléctricas según la hora de consumo hasta la posibilidad de vender “flexibilidad” de la demanda como parte de los servicios auxiliares en los mercados eléctricos. Otro de los planeamientos que se han puesto sobre la mesa tiene que ver con el uso de incentivos para consumir electricidad cuando las energías renovables están disponibles y en producción.

El enfoque de la demanda flexible representa un cambio de paradigma que, además de audaz, ha resultado útil para que muchos países resuelvan el reto de la creciente penetración de las energías renovables en el suministro eléctrico.

Queda claro que la demanda flexible es apenas una de las muchas alternativas serias que existen para lograr que la generación de electricidad con fuentes renovables avance sin que ello signifique un riesgo para la operación de las redes eléctricas. Atender esta y otras opciones debería entenderse como una obligación de las autoridades frente a la vulnerabilidad actual del sistema eléctrico nacional.

Por Arturo Carranza Guereca 

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