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Columna

¿Qué está afectando la inflación?

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Daniela Blancas

La tendencia alcista de la inflación vuelve a preocupar, en especial, dada la contaminación que se está presentando en la gran mayoría de artículos del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). Como comenté previamente en mi columna (“Gasolinazo”, oportunidad de catarsis, pero también de hacer conciencia, 6 de enero de 2017), el incremento en los precios de la gasolina tendría un impacto de cerca de 0.63 puntos porcentuales en la inflación general en 2017. Sin embargo, lo que recientemente hemos observado es que hay varios productos que están subiendo sin haya una relación directa con el incremento en la gasolina, lo que puede ser el desarrollo de un proceso de contaminación en la formación de precios en la economía.

La inflación general está definida por dos grandes componentes: la inflación subyacente, que se define como aquella en la que se excluyen los artículos que tienen mayor volatilidad. Este componente contiene las mercancías y servicios, por ejemplo, los alimentos, bebidas, otras mercancías, educación y renta. Por otro lado, tenemos la inflación no subyacente, en la cual se incluyen aquellos productos y servicios de mayor variabilidad, como los bienes agropecuarios, energéticos y gasolinas. Si el efecto que estamos observando actualmente en la inflación sólo viniera por el efecto del aumento de las gasolinas, la única inflación que estaría subiendo sería la no subyacente. No obstante, la inflación subyacente también aceleró su ritmo de crecimiento, pasando de 3.4% a finales de 2016 hasta 4.75% en la primera quincena del mes.

Este movimiento general en los precios ha respondido a varios factores: 1) el incremento en los precios de las gasolinas, 2) la depreciación del tipo de cambio (23% acumulado de 2015 a la fecha), 3) el menor margen de operación de los productores ante el alza de los precios del petróleo, la gasolina y la electricidad y, 4) el incremento salarial a principio de año.

Ante el riesgo de inflaciones altas, el Banco de México (Banxico) ha subido las tasas de interés de 3.0% en 2015 hasta 6.75% en la última decisión de mayo. Con esto, el espacio para actuar por parte de las autoridades monetarias está llegando a su fin antes de que tenga una afectación negativa sobre la actividad económica.

Tanto los comunicados de Banxico como la Junta de Gobierno afirman que no hay efectos de segundo orden en la inflación y que las expectativas de mediano plazo están ancladas. Aunque para enero del siguiente año, la inflación bajará por un efecto base (la base de comparación subió este año por el incremento en los precios de las gasolinas, efecto que desaparecerá en enero de 2018), cada vez existe más riesgo de que la inflación esté menos controlada de lo que Banxico considera y que sea difícil que los precios regresen rápidamente.

De momento, la inflación no se ha estabilizado, por lo que las cifras de las siguientes quincenas serán muy relevantes para anticipar qué tan persistentes son estos efectos. Anticipo que difícilmente la inflación regresará rápidamente al rango objetivo de 2-4% de Banxico, inclusive en 2018. El consenso del mercado en la última Encuesta de Citibanamex espera que la inflación cierre el año en 5.9% y en 3.70% en 2018, lo cual, de momento, parece todavía optimista ante la contaminación generalizada que estamos observando.  

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Marco Mares
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