Todos los Derechos reservados © 2020, Marco Mares

Arturo Carranza Guereca

Gas natural: una lección

Hablar de gobernar para resolver problemas energéticos es hablar de actuar urgentemente para reducir la dependencia del gas natural de EU

Publicado

el

Arturo Carranza, Columna 2021

Gobernar para resolver problemas. Esa es la lección más importante que dejó la tormenta de nieve en Texas y el norte de México. Asimilarla supone mejorar la acción de gobierno, sobre todo cuando un fenómeno inaudito de la naturaleza pone en evidencia, tanto en el sur de Estados Unidos como en nuestro país, la calidad variable de los servicios públicos y la desarticulación e ineficacia de las políticas públicas.

En el caso del sector energético, cuando hablamos de gobernar para resolver problemas nos referimos particularmente a la urgente necesidad de actuar para reducir la dependencia del gas natural que importamos desde Estados Unidos. La lección que dejó al sector el frío extremo de la semana pasada es que resulta inconvenientemente delicado que el 64% de la generación de energía eléctrica en México se haga en su mayoría con gas natural proveniente de la Unión Americana. 

Es cierto que esta situación se explica a partir de, por lo menos, dos elementos. El primero de ellos está asociado con los bajos precios del gas natural en los mercados energéticos de Estados Unidos que se dieron tras la revolución del shale gas. Esta revolución, que inició en los primeros años del siglo XXI gracias a los avances en las técnicas de extracción de hidrocarburos, permitió que la producción de gas natural estadounidense aumentará en pocos años, tirando con ello los precios del hidrocarburo en Norte América.

Sobre este particular, resulta permitente anotar que el precio promedio del gas natural Henry Hub pasó de 6.97 dólares por millón de BTU en 2007 a 2.03 dólares por millón de BTU en 2020, una reducción de 70%. Esta contracción en el precio fue rápidamente aprovechada por las industrias en México, para quienes acceder a precios del gas natural tan bajos significó una ventaja competitiva.

Un segundo elemento tiene que ver con la diferencia en los ingresos que se obtienen por la monetización del petróleo crudo y el gas natural. En este sentido, ante el comportamiento de los precios de los energéticos que se ha registrado en las últimas décadas (durante el periodo 2007-2020 el WTI cotizó entre un mínimo anual de 39.16 dólares por barril y un máximo anual de 99.67 dólares por barril), las autoridades en México concentraron la acción de gobierno en la extracción y venta de petróleo crudo, dejando en segundo plano la producción de gas natural.

A partir de estos dos elementos se puede comprender mejor el problema. En este contexto, surge una pregunta obligada: ¿Puede nuestro país aumentar su producción de gas natural para reducir la dependencia de Estados Unidos? La respuesta a bocajarro es sí… aunque no es tarea sencilla. En todo caso, queda claro que para lograrlo necesitamos formas sinérgicas de discusión, interlocución y asociación entre los actores públicos, privados y sociales. La tarea es de todos.

Actualmente existen al menos tres opciones, legalmente factibles y accesibles desde el punto de vista del mercado, que se podrían instrumentar para ello. Una tiene mayores beneficios económicos, aunque resulta poco operable desde el punto de vista político. Otra es apenas un tímido bosquejo hacia la consecución deseada. La última, aunque poco comentada, valdría la pena estudiarla en tanto que ya está disponible en el mercado.

En cuanto a la primera, ésta tiene que ver con la posibilidad de permitir que las empresas privadas ejecuten nuevos proyectos de exploración y producción de gas natural en México. Si se consideran tiempos y costos, este camino podría ser el mejor: las empresas privadas cuentan con el interés, la tecnología y el capital financiero para extraer gas natural del subsuelo mexicano. Los retos, por el otro lado, son claros. Uno de ellos implica encontrar los modelos contractuales que resulten atractivos y eficientes. Otro, quizá el más importante, es superar la resistencia que desde el gobierno existe con respecto a los beneficios que envuelve una mayor participación privada en la industria de los hidrocarburos.

La segunda opción es la implementación de una estrategia bien diseñada que permita a Pemex retomar e impulsar aquellos proyectos de exploración y producción de gas natural que se han quedado en el tintero por diferentes razones. Esta posibilidad, en términos de costos, puede no ser la mejor. La empresa pública tiene muchos problemas financieros y darle la responsabilidad sobre un tema tan urgente como el aumento de la producción de gas natural podría agravar su crisis. Tiene la ventaja, por otro lado, de que las autoridades energéticas insisten en que Pemex puede ser la punta de lanza para garantizar la seguridad energética. La voluntad política sería la principal fortaleza si se optara transitar por este camino.

Existe una tercera opción que, aunque poco discutida, valdría la pena considerar: el gas ionizado plasma. Esta materia, manipulada adecuadamente, se comporta de manera muy similar al gas natural y es ideal para ser utilizado en el proceso de generación eléctrica, así como en todo proceso industrial que requiera energía calórica. Tiene la ventaja de que, en tiempos donde los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes y devastadores, su empleo ayuda a reducir las emisiones contaminantes del sector energético. Así lo demuestran casos de éxito en Estados Unidos y Japón.

Más allá de los costos y beneficios que conllevan, así como de las ventajas y desventajas de su instrumentación, estas tres opciones son una oportunidad para que el gobierno recupere su capacidad cognoscitiva, en tanto que le permitiría mostrar conocimiento y certeza sobre lo que se está haciendo en otras latitudes para resolver los problemas en materia energética. Su instrumentación, que requiere la revisión y remoción de prejuicios ideológicos, contribuiría también a atemperar la grave polarización que vivimos actualmente.

No hay más. Los tiempos actuales hablan de la necesidad de asimilar la lección en torno a la alta dependencia del gas natural de Estados Unidos para evitar problemas en el suministro de energía eléctrica. Son, en conclusión, tiempo de gobernar para resolver problemas.

Por Arturo Carranza Guereca 

Sígueme en Twitter:  @Art_Carranza

Fortuna y Poder

Marco Mares
La revolución digital de las inversiones, el trading social.
Ahorro Voluntario: Todo lo que debes saber . Marco Mares y el Dr.Abraham Vela
Publicidad