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Columna

Ingresos extraordinarios mejoran la situación fiscal, pero no la resuelven

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Daniela Blancas

La semana pasada la SHCP publicó el documento conocido como Pre-Criterios de política económica, el primer borrador del marco macroeconómico para 2018 y algunos ajustes a las expectativas de este año. Como era de esperarse, se ajustaron a la baja las expectativas de crecimiento de la economía mexicana para este año de un rango de 2-3% a uno de 1.3-2.3% y se elevó la expectativa de inflación a 4.9% desde 3% (consultar el documento completo: aquí). Para 2018, las estimaciones resultan moderadamente positivas. La SHCP estima que la economía regresará a crecer alrededor de 2.5% el siguiente año y argumenta que la incertidumbre sobre las políticas de la Administración de Trump se disiparán. Asimismo, se estima un tipo de cambio alrededor de 19 pesos y un repunte del precio del petróleo a 46 dólares por barril.

A diferencia del año pasado, esta vez la SHCP publicó rápidamente su nuevo estimado para las finanzas públicas tomando en consideración el ingreso extraordinario del remanente de operación de Banco de México anunciado la semana pasada. Banxico dio a conocer su resultado de operación de 2016 en donde tuvo ganancias por 535.3 mil millones de pesos. Una vez que se destinó parte de estos ingresos para incrementar las reservas de capital, Banxico obtuvo un remanente de operación de 321.64 mil millones de pesos, el cual por ley tiene que ser transferido a la SHCP. Estas ganancias provienen principalmente de la valuación de las reservas internacionales, las cuales al ser traídas a pesos, representan un monto mayor dado la fuerte depreciación que tuvo del tipo de cambio en 2016 (cerca de 20% frente al dólar). El monto transferido, que equivale a cerca de 1.5% del PIB, es el más alto históricamente. La Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH) establece que el 70% de este monto se debe destinar a reducir la deuda pública o el monto de financiamiento necesario para hacer frente al déficit fiscal, mientras que el 30% restante se debe utilizar para incrementar los recursos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) o a otros activos que fortalezcan la posición fiscal del gobierno.

En 2016, la SHCP tardó varios meses en anunciar el nuevo estimado de déficit fiscal, el cual sólo bajó en 0.6% del PIB a pesar de haber tenido un remanente de operación de Banxico que ascendió hasta 1.2% del PIB. Este año, con los ingresos extraordinarios, Hacienda estima bajar el déficit fiscal de 2.9% del PIB a 1.4%, el cual de cumplirse sería el más bajo desde 2008. Así, se alcanzaría un superávit en el balance primario (deuda antes de pagar intereses) de 1.6% del PIB vs un previo estimado de 0.5%, también el más elevado desde 2008.

Estas son buenas noticias para la situación fiscal en México, la cual ha sido el centro de atención y de críticas en el último año. Las tres calificadoras más relevantes mantienen a México con una perspectiva negativa, es decir, que han anunciado que podrían recortar la calificación soberana ante el rápido crecimiento de la deuda y el limitado desempeño económico. La nueva expectativa fiscal quita un poco de presión. Sin embargo, la mejora fiscal esperada para este año está dada principalmente por ingresos no recurrentes, por lo que la mejora es más una ilusión que un cambio sostenible en el tiempo. El menor déficit será por un tema exógeno al gobierno federal y no por una clara reducción en el gasto corriente. Así, el gobierno todavía tiene que hacer mayores esfuerzos para regresar a un patrón de gasto más responsable y reducir la deuda.

Dada la coyuntura de la economía actual con la alta incertidumbre sobre las políticas de Trump y el proceso electoral comenzando a acercarse, la disciplina fiscal resulta aún más importante. Si bien es cierto, la economía mexicana se ha mantenido sólida al inicio del año, aún quedan muchos factores de incertidumbre que podrían evolucionar negativamente y volver a complicarle el panorama al gobierno. De momento, la expectativa sobre las políticas más extremas de Trump se han moderado y los mercados financieros lo han incorporado positivamente. El peso es la moneda emergente que más terreno ha ganado frente al dólar desde el día de la inauguración de Trump. De hecho, Banxico destacó ambos factores para su última decisión monetaria donde decidió reducir el ritmo de alzas de tasas, argumentando una mayor tranquilidad financiera, efectos transitorios en la inflación y un panorama menos negativo.

No obstante y como lo hemos visto en otros episodios, el cambio en el sentimiento puede ser repentino y agresivo. Un repunte en comentarios extremos por parte de Donald Trump o algún otro factor de riesgo global, generarán una nueva ola de aversión al riesgo donde las economías más vulnerables volverán a ser las más afectadas. Es por esto que el control de la deuda y el gasto del gobierno se vuelve tan importante, para conseguir un marco macroeconómico más sólido que ayude a mitigar estos y otros episodios de volatilidad.

Daniela Blancas

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Marco Mares
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