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Columna

México, lejos de la senda del crecimiento sostenido

Parece que México no ha tocado fondo y peores cosas podrían pasar a la economía si no se corrige el camino

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Gabriela Siller, 2021

México es la 15 economía más grande del mundo, con 1.27% del PIB global. Tiene un tamaño similar al de Indonesia y es un poco más pequeña que la economía de España que representa 1.5% del PIB del mundo. En la última expansión económica, del 2010 al 2018, el PIB de México creció en promedio por año 2.5%. De hecho, podría haber crecido más rápido, pero asuntos como bajo nivel de escolaridad, inseguridad, corrupción y falta de eficiencia en el gasto público, entre otros factores, frenaron el crecimiento. En ese entonces, México tenía el potencial para crecer 4% por año.

A partir del 2010 el gasto público en inversión física empezó a caer, lo que a la larga mermaría el crecimiento económico. A esta sigilosa catástrofe de caída en la inversión física de origen público se sumó el golpe de la cancelación de construcción del NAICM en el 2018. La consecuencia inmediata fue recortes en la calificación crediticia, alzas en el tipo de cambio y un ambiente incierto sobre el futuro de México.

En el 2019 los capitales empezaron a salir de México y el año cerró con una ligera contracción del PIB, a pesar del crecimiento positivo de Estados Unidos, con quien México tiene una correlación importante vía exportaciones. El ambiente para hacer negocios empeoró y la inversión fija bruta, que se necesita para el crecimiento económico en el largo plazo, empezó a descender. Los economistas no terminábamos de ponernos de acuerdo si lo del 2019 había sido o no recesión, cuando llegó la pandemia. 

Con la covid19, el PIB se desplomó 8.4%, siendo la mayor caída desde la gran depresión en 1932. El peso mexicano se depreció de manera significativa alcanzando el tipo de cambio un nivel máximo histórico de 25.78 pesos por dólar y los capitales volaron, no solo de México, sino de todo lo que podría ser riesgoso. Era comprensible por la pandemia, por el escenario digno de una película de terror. El 2020 se terminó con una salida de capitales histórica, pero también el 2021 alcanzó una fuga histórica, mientras que otros países observaban el regreso de los capitales a su país. Con eso, ya no podía echarse la culpa a la pandemia. Era evidente que había miedo para invertir en México, aunque solo fuera en instrumentos financieros.

En México, la recuperación económica se ha dado, ante la falta de apoyo fiscal, como un hueso que se quiebra y “pega chueco”. La recuperación ha estado colgada del crecimiento de Estados Unidos, tanto por las exportaciones como por las remesas que llegan del exterior. De manera interna el crecimiento más bien se ha frenado, o al menos eso es lo que perciben los especialistas del sector privado encuestados por Banco de México, que responden que la inseguridad y las políticas económicas internas son los factores que más han frenado la economía. 

Algunas iniciativas, como la que obligaría a Banco de México a comprar dólares y la recientemente votada iniciativa de contra reforma eléctrica, han dejado rastros de incertidumbre.

México no ha terminado de recuperarse y aún falta un largo camino, pues tras la caída de 8.4% en el PIB del 2020, el PIB creció 5% en el 2021. Aunque es un crecimiento alto, comparado contra el promedio al que crecía México, fue solo un efecto rebote que no alcanzó a resarcir la pérdida del 2020. 

Para el 2022 se estima que México crecerá alrededor de 1.5%, pues el nivel de inversión fija no da para más, a menos que se generen políticas públicas que incentiven el crecimiento, pero esto se ve poco probable. 

Con un crecimiento anual de 1.5% la economía mexicana recuperará el PIB pre crisis en el 2024 y en términos per cápita en el 2036. De hecho, de las 50 economías más grandes del mundo, México ocupa la posición 44 en términos de recuperación económica. 

A todo este panorama se agrega la alta inflación, que sido consecuencia de la pandemia y de la guerra. Esto implica que México atraviesa una estanflación, que es lo peor de dos mundos: bajo crecimiento y alta inflación. 

También está el riesgo latente de recortes en la calificación crediticia. Con bajo crecimiento y políticas que frenan a la economía no hay forma de financiar los proyectos y de detener la bola de nieve del mayor gasto público por PEMEX, transferencias y creación de nuevas empresas del gobierno, como la de litio. 

Con todo esto, parece que México no ha tocado fondo y peores cosas podrían pasar a la economía si no se corrige el camino. La última amenaza es el control de precios y pactos, que de aplicarse podrían generar escasez y una rampante inflación que además no podrá ser medida correctamente.

Por Gabriela Siller Pagaza, PhD

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Marco Mares
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