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Columna

México, un dilapidador energético

En México pretendemos tener un mercado basado en dos empresas productivas del estado, pero la pregunta a realizarnos es: ¿Podrán ambas empresas con todo el mercado?

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México estaría cerca de retornar a ser un país con alta codependencia de la inversión pública, lo que significaría que la economía, su movilidad, dependería del presupuesto asignado por la nación para cada programa o empresa productiva del estado.

Esto es un reflejo directo actual de la economía, debido a que hay 33 millones de mexicanos ganando de 1 a 2 salarios, lo que equivale de entre 147 a 282 pesos.

La única forma de tener un desarrollo económico, y por ende un crecimiento, con el que concrete un frente dentro del mercado mundial, es alineando al país a la nueva diplomacia ambientalista mundial, donde el factor primordial es el poder invertir en la captura de calor, carbón, gases de efecto invernadero, y al mismo tiempo disminuirlos. Pero en función del balance de energético con referencia al consumo.

Un balance de energía puede ser muy complicado en su identificación, pero en forma sencilla podríamos resumirlo en que es un volumen tomado de energía primaria, más la secundaria, menos el consumo final energético en los diferentes sectores (Comercio, Industria, Transporte, Residencial, Agricultura), lo que dará como resultado, el saber cuánto aprovechamos de lo que tomamos de la naturaleza y de su transformación.

En 2018, en México consumíamos 63%, y en 2019 bajó a 59% (EUA en 2019 con 75% y 2020 74%), lo que nos convierte en un dilapidador de energía, pues se desaprovecha entre 37 y 41% de energía en promedio, lo que significa un daño al planeta y dineros no recuperables.

De la energía primaria y secundaria en México, 63% proviene de nuestros recursos y 37% importamos, resultando una balanza con un déficit de 35 a 40%, respecto a la energía que proviene fuera de México.

Ahora que en EUA han promulgado una propuesta referente a inversiones de infraestructura en el sector energético, y donde cada una de ellas tiene asignados recursos públicos para incentivar al mercado y obtener más ingresos por recaudación al crear un nuevo mercado referenciado a la captura y eficiencia de la energía, en México están pensando modificar las leyes, cuando todavía no hay un mercado maduro. No dejan que crezca después de haber estado bajo un monopolio de inversiones públicas, y, en el tiempo, podría no haber los recursos necesarios para desarrollar un todo. ¿Realmente estamos en el rumbo correcto?

Al dejar de tener innovación, competencia y un balance entre la inversión pública con la privada, se ocasiona que, en las próximas décadas, tendremos que importar una mayor cantidad de energías secundarias, en función de no tener la infraestructura necesaria, además de tener que importar tecnología para poder generar una mejor eficiencia de aprovechamiento en el uso final de la energía.

En la comunidad europea, están presentando propuestas de leyes para mejorar el consumo de la energía, eliminando la venta de carros de combustión, y en los próximos meses deberá de haber una negociación entre más de 27 países. Evaluarán si limitan a una sola tecnología, debido que, actualmente, en varios países están incluyendo tener combustibles renovables, y en México, no sabemos en cómo ponernos de acuerdo.

En México pretendemos tener un mercado basado en dos empresas productivas del estado, pero la pregunta a realizarnos es: ¿Podrán ambas empresas con todo el mercado? No sólo la parte operativa, sino innovar, actualizar e incorporar procesos que puedan aprovechar de mejor forma el consumo de las energías. Es de sabios saber hacer un alto y evaluar para hacer un programa de largo plazo.

Entrar a mercados con ideas no maduras lacera los dineros de la nación. Tenemos refinerías que en los últimos años han incrementado los paros y disminuido la utilización de éstas, ocasionando un decremento en el aprovechamiento de las energías primarias para su transformación, esto, ante una falta de dineros para realizar mantenimientos correctivos y no preventivos.

Ahora, además de todo lo anterior, se tratará de hacer una empresa que pueda cubrir una parte de la demanda del gas LP, cuyo éxito depende de 80% de la logística para llegar al usuario final.

Cuando el dinero y la energía no son tuyos, nos convertimos en un dilapidador compulsivo.

Por Ramses Pech – Grupo Caraiva – León & Pech architect

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