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Arturo Carranza Guereca

Saldos del fortalecimiento de Pemex

Hoy más que nunca, la petrolera tiene muchos frentes abiertos y muchas responsabilidades que atender

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La semana pasada se anunció la creación de Gas Bienestar. La constitución de esta nueva empresa pretende acercar a los consumidores a precios más bajos del gas licuado de petróleo (LP). De acuerdo con el presidente de México, la participación de esta empresa – que será propiedad de Petróleos Mexicanos (Pemex) – en actividades de distribución y comercialización de gas LP permitirá que los precios de este combustible bajen a partir del funcionamiento de los resortes de la competencia.

Sobra decir que Gas Bienestar es la expresión más clara de lo que significa la política energética del gobierno en términos del fortalecimiento de Pemex. El gobierno está convencido de que tener a la petrolera nacional participando en toda la cadena de valor de hidrocarburos significa, per se, su apuntalamiento. Olvida que el sentido común expuesto en el refrán “el que mucho abarca, poco aprieta” contradice la lógica de su visión.

El anuncio, aunque socialmente encomiable si se considera que el 75% de las familias en el país utilizan el gas LP para actividades domésticas, presenta desafíos que se antojan infranqueables. Al margen de polémicas que se puedan derivar por esta interpretación, resulta difícil desconocer que las inversiones asociadas a la participación de Pemex en distribución y comercialización de gas LP serán más onerosas tomando en cuenta que se trata de una empresa muy grande que acumula un evidente deterioro financiero y operativo.

Existirían más argumentos para pensar que la empresa podría ser exitosa si en ella estuviera involucrada una compañía con el perfil adecuado y con la capacidad financiera suficiente para participar de forma eficiente en todos los segmentos del mercado del gas LP. Pero no, se trata de Pemex: una empresa que hoy más que nunca tiene muchos frentes abiertos y muchas responsabilidades que atender.

En este contexto, resulta oportuno preguntarse sobre la fuente de recursos para constituir y operar Gas Bienestar. Con una deuda financiera superior a los 100 mil millones de dólares, a la que se suma el apremio vinculado a la necesidad de materializar la autosuficiencia energética, ¿cómo financiará Pemex las inversiones que se necesitan para intervenir en la distribución y comercialización del gas LP?

No se necesita ningún talento para prever que la responsabilidad final de Gas Bienestar recaerá en el gobierno. De hecho, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya deslizó una justificación al respecto. La semana pasada, en una de sus conferencias matutinas, explicó que su gobierno estaba en condiciones de apoyar a Pemex con la creación de Gas Bienestar dada la buena situación de las finanzas públicas.

Más allá de que la fortaleza de las finanzas públicas está sujeto a dudas y cuestionamientos, la aseveración del Ejecutivo resulta temeraria. No sólo porque no existe certeza con respecto a que la participación de Pemex en actividades de distribución y comercialización de gas LP ayude a bajar los precios del combustible, sino, principalmente, porque el costo de oportunidad que conlleva la decisión de crear Gas Bienestar resulta muy alto.

Frente al ya comentado deterioro de Pemex y de cara a un frágil contexto económico, sería más conveniente apostarle a las actividades y a los sectores que contribuyen a apoyar una recuperación económica más rápida y profunda. Pienso, de manera fundamental, en el fomento a la inversión privada como motor de crecimiento.

Al presidente le gusta recordar que el ejercicio de gobierno se trata de optar entre el menor de los males. En este sentido, valdría la pena reflexionar sobre el fortalecimiento de Pemex como la manera de resolver el incremento de los precios del gas LP. Quizá lo más práctico y menos costoso sería apoyar a los órganos reguladores, como la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), para que pudieran generar las condiciones de competencia necesarias para el buen desarrollo del mercado del gas LP.

A la larga, esto permitiría abatir costos y ofrecer mejores precios del combustible sin la necesidad de destinar recursos públicos a un proyecto cuya racional económica presenta serias incógnitas.

Por Arturo Carranza Guereca 

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