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Arturo Carranza Guereca

Sobre Pemex

Es deseable que los responsables de las decisiones en Pemex empiecen a resolver los problemas utilizando criterios técnicos y empresariales

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Arturo Carranza, Columna 2021

Algún día Petróleos Mexicanos (Pemex) será dirigida con criterios técnicos y empresariales. Cuando ese día llegue, veremos cómo sus directivos tienen el talento para reconocer que la realidad en la que operan es extraordinariamente compleja y cambiante. Ese día, desafortunadamente, todavía no se vislumbra en el horizonte.

Transcurridos dos años del nuevo gobierno, los indicadores operativos de la petrolera demuestran que los designios presidenciales y las decisiones de los directivos de la empresa no bastan para sacarla del hoyo en el que se encuentra. El rescate de Pemex, considerado como una prioridad para este gobierno, está quedando a deber.

Con base en cifras de la petrolera difundidas la semana pasada, durante 2020, Pemex produjo en promedio 1 millón 912 mil barriles diarios (b/d) de hidrocarburos líquidos (petróleo crudo, condensados y líquidos). Este volumen representa una disminución de 7.6% con respecto a la producción de 2018, que en promedio ascendió a 2 millones 71 mil b/d.

Esta caída en la producción de hidrocarburos líquidos, por cierto, ocasionó que los ingresos petroleros disminuyeran 38% entre 2018 y 2020 (Informe Sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública al Cuarto Trimestre de 2020, Secretaría de Hacienda). Aunque es justo aclarar que la reducción en el precio del petróleo – variable sobre la que Pemex no tiene control – también contribuyó a este desplome.

Si se analiza la producción de gasolinas automotrices, la situación es similar. En 2020 Pemex produjo un volumen promedio de 186 mil b/d de gasolinas, lo que representa una disminución de 10.3% con relación a los 207 mil b/d de gasolinas producidos en promedio durante 2018.

Estos dos indicadores, producción de hidrocarburos líquidos y producción de gasolinas automotrices, han sido utilizados de manera preponderante por el gobierno para relatar una historia sobre lo que se hizo mal en el pasado y para justificar las acciones que se están tomando. La narrativa empleada para este propósito se basa en conceptos binarios, que reducen y simplifican la realidad.

En el Plan Nacional de Desarrollo, por ejemplo, se destaca que “la reforma energética impuesta por el régimen anterior causó un daño gravísimo a Petróleos Mexicanos… empresa productiva del Estado que ya venía sufriendo el embate de los designios privatizadores.” El documento de planeación agrega que “un propósito de importancia estratégica para la presente administración es el rescate de Pemex, para que vuelva a operar como palanca del desarrollo nacional.”

El pobre desempeño que muestran las cifras no solo pone en entredicho la narrativa del gobierno. También demuestra que a partir del uso de conceptos binarios no puede existir un manejo eficiente de Pemex. La simplificación de su operación, producto esta narrativa, ha hecho que la actual administración establezca metas de producción técnicamente injustificables que terminan por levantar expectativas difíciles de cumplir y que presionan la marcha diaria de la empresa.

Queda claro que los problemas de Pemex y los resultados hasta ahora ofrecidos son el producto de una historia mucho más compleja que la que se encuadra en la narrativa del gobierno. Por ello, sería deseable que los responsables de las decisiones en la petrolera tomen distancia de la lógica binaria y empezaran a resolver los problemas utilizando criterios técnicos y empresariales.  Quizá, entonces, el gobierno pueda hacer de Pemex una empresa eficiente y rentable, lo que bastaría para demostrar que la petrolera aún tiene futuro.

Arturo Carranza Guereca 

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