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2018: el año de la volatilidad

A diferencia de otros años, en este año tenemos dos factores muy claros que están llenando de incertidumbre el panorama económico-financiero local

Daniela Blancas

A diferencia de otros años, en este año tenemos dos factores muy claros que están llenando de incertidumbre el panorama económico-financiero local: la renegociación del TLCAN y las elecciones presidenciales. Sin embargo, no hay que dejar de lado otros factores importantes como la preocupación inflacionaria, las posibles alzas de tasas de Banxico, el impacto de la reforma fiscal estadounidense, las alzas de tasa de interés de la Reserva Federal (Fed), y las tensiones geopolíticas y comerciales, entre otros. 2018 va a destacar por ser un año de alta volatilidad en los activos mexicanos, en especial, en las tasas de interés y el tipo de cambio.

El cierre del 2017 fue complicado. El tipo de cambio se depreció agresivamente de 18.60 a principio de diciembre hasta máximos por encima de 19.70 y no ha conseguido recuperarse del todo. Asimismo, la tasa a 10 años pasó de 7.3% a 7.8%, en el mismo periodo de tiempo. Y la volatilidad llegó para quedarse. Por ejemplo, el miércoles 10 de enero, Reuters publicó que según fuentes del gobierno canadiense, Trump anunciaría a finales de enero una salida del TLCAN (después fue desmentido por autoridades estadounidenses), lo que depreció al peso cerca de 20 centavos en las cotizaciones intradía. Esto se repetirá constantemente en el año. No es de sorprender que los encabezados de noticias tengan una directa injerencia en la volatilidad de la moneda y las tasas. Existe la posibilidad que, de no firmarse la renegociación pronto, las pláticas se frenen conforme el ciclo electoral en México se acerque. La siguiente reunión se llevará a cabo en Canadá a finales de mes (23-28). En esta reunión el centro de atención será el ritmo de avance en los acuerdos en medio de las crecientes tensiones comerciales entre EUA y Canadá.

El siguiente factor de riesgo son las elecciones presidenciales en México. El primero de julio se elegirán a poco más de 3,400 cargos de elección popular, el mayor número que se ha elegido en la historia mexicana (dadas las diversas reformas electorales en los últimos años). Claramente, la más seguida será la presidencial. A los mercados les preocupa que el candidato con una visión más radical lidere las encuestas y se perfile para ganar. En las últimas dos elecciones, el tipo de cambio y las métricas de riesgo para México se elevaron previo a las elecciones y se normalizaron una vez conocido el resultado. Este año no será la excepción y dado que anticipo una elección competida entre los tres principales candidatos, la volatilidad financiera será elevada.

El proceso inflacionario y la decisión de política monetaria local también son factores de riesgo. En diciembre, Banxico subió la tasa de interés y reafirmó las preocupaciones inflacionarias. La inflación general anual cerró el año pasado en 6.8%, el nivel más alto desde mayo del 2001. Dada la alta base de comparación, entre otros factores, se espera que la inflación baje en los primeros meses del año; sin embargo, el ritmo de este retroceso está aún por verse. ¿Puede Banxico subir más la tasa? Sí, aunque ya no tiene mucho margen de maniobra antes de afectar fuertemente la dinámica económica.

A todos estos factores locales le sumamos las acciones de política monetaria en EUA, donde se espera que la Fed siga subiendo la tasa de interés, lo que suele fortalecer al dólar y afectar negativamente los flujos de capital hacia países emergentes. Asimismo, el impacto de la reforma tributaria aprobada en EUA sigue siendo complejo de analizar y quedan dudas sobre el balance final hacia la economía mexicana.

En suma, es importante prepararnos para unos primeros meses complicados y volátiles. No obstante, es posible que la segunda mitad del año sea más estable que la primera. Claro, siempre y cuando los astros se alineen y las renegociaciones del TLCAN sean exitosas (o al menos que EUA no se salga del acuerdo), no gane el candidato presidencial con una visión menos “pro-mercados”, la inflación comience a ceder y la administración Trump modere sus acciones de política global.

Daniela Blancas

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