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Daniela Blancas

2020: el inesperado cambio de rumbo

A diferencia de la gran recesión, ahora el choque no viene de dentro del sector financiero, sino un choque externo de insospechadas magnitudes

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Daniela Blancas, columna 2021

En tres meses el mundo cambió y la dirección que tomará está aún por definirse. Es difícil poner en unas palabras todo lo que implica este choque y sería muy pretencioso de mi parte definir cuánto tiempo tomará la recuperación en lo económico, político y social. Si algo nos ha enseñado 2020 es que en cualquier momento las cosas pueden cambiar y sobrepasarnos. Parece que siempre vivimos en la incredulidad de los eventos atípicos y nos cuesta trabajo adaptarnos a ellos. Hace un par de meses escribí que los “vaivenes” financieros podrían disminuir a finales de marzo.

Acabó marzo y el balance es: más de un millón de contagios en 171 países, una caída de más de 20% en los índices accionarios en EUA y cerca de 30% en Europa y mercados emergentes, 14% de depreciación en las monedas emergentes, una caída de alrededor de 50% en el precio del petróleo (por la caída en la demanda global), volatilidad de más de tres veces la registrada en enero y un elevado grado de incertidumbre. Claramente subestimé el efecto de los “vaivenes”. De momento, parece que los mercados tocaron fondo, pero esto no implica que la volatilidad vaya a bajar drásticamente ni que no podamos revisitar esos niveles mínimos. Aun no se conoce el verdadero tamaño de la recesión económica mundial, y conforme vaya tomando forma, los mercados volverán a ajustarse. Mi afán no es ser fatalista o alarmista, sino comenzar a poner algunos puntos para que la adaptación a lo que venga pueda ser menos agresiva.

En la búsqueda de un punto de referencia, lo más parecido es la gran recesión de 2008-2009, pero ahora en versión “rapidez sin límites”. La quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 llevó tiempo en construirse. La Reserva Federal (Fed) comenzó a recortar tasas casi un año antes de la peor parte de la crisis y Wall St tardó cerca de seis meses en caer 40%, que es una caída similar a la que observamos a los mínimos ahora. Las sorpresas iban por días, ahora por minutos. Las buenas noticias es que algo aprendimos. Hoy, gracias a esa crisis, las autoridades monetarias y varios gobiernos han sabido rápidamente cómo enfrenar el espiral de incertidumbre y proveer de recursos necesarios a los mercados. Lo primordial era darle confianza al mercado, aunque no es una crisis de confianza ni sólo de liquidez, sino de ingresos y crecimiento. La Fed vuelve a ser el prestador global, las tasas de interés regresaron a cero para facilitar la liquidez y varios gobiernos han aprobado millonarios programas de estímulos fiscales.

A diferencia de la gran recesión, ahora el choque no viene de dentro del sector financiero, sino un choque externo de insospechadas magnitudes. Nouriel Roubini, uno de los economistas más famosos actualmente que pronosticó la crisis anterior, expresó muy clara esta situación: “es como si un meteorito hubiera caído en la Tierra.” Un rompimiento de las dinámicas económicas como las conocíamos.

Todo gobierno ha tenido que decidir entre frenar la propagación del virus o incentivar la economía. La economía global se espera que entre en recesión en el primer y segundo trimestre del año (según el contagio por región), y se estima que para finales de 2020 o inclusive hasta 2021se vislumbre un repunte económico. Las consecuencias productivas y laborales serán nuevamente muy duras.

En México tenemos dos desventajas: 1) la lenta y carente de realidad respuesta del gobierno y 2) muy poco espacio de maniobra. 2019 fue un año perdido para la economía mexicana, con un total estancamiento, inversión deprimida y baja confianza, pero con finanzas públicas bajo control y EUA con tasas sólidas de crecimiento. Hasta ahora, el gobierno no ha dado un programa fiscal para enfrentar la crisis y anticipa que la caída será moderada (-2% según el ajuste publicado por Hacienda). Para poner los datos en perspectiva, varios economistas anticipamos una caída casi del doble o incluso el triple del punto medio de Hacienda.

A diferencia, Banco de México fue más rápido en reaccionar y activó sus medidas de defensa. Bajaron la tasa de interés, ofrecieron subastas de dólares, reactivaron la línea “swap” de crédito con la Fed y ofrecieron un mensaje de que están listos para seguir actuando. No obstante, el peso se mantiene con una depreciación de 23% en lo que va del año, la bolsa acumula una caída de 24% (en pesos) y las métricas de riesgo están en máximos de 11 años, aunque aún lejos del pico de 2009. Sumado a esto, S&P Ratings redujo la calificación soberana (junto con la de PEMEX), justificando que no hay mucho espacio fiscal con la caída económica y de los precios del petróleo. Este año el déficit fiscal será mayor y el gobierno tiene el gran reto de dar confianza de que esto es transitorio y que regresaran a un camino de finanzas públicas saludables.

En muchos países una de las herramientas más poderosas es el estímulo fiscal al sector privado, quienes tienen la gran mayoría de la creación de empleo e inversión. Sin embargo, López Obrador ha sido claro en que no dará estímulos a empresarios grandes sino solo a las pequeñas empresas, pero a la vez pide que se mantengan todos los puestos de trabajo. La tensión entre ambos sectores está incrementando. De momento el único punto positivo que veo es que la popularidad del Presidente está bajando, lo que podría activar un viraje en la estrategia frente a la crisis, dándose cuenta de que la situación es más grave y se necesitan medidas eficientes y más drásticas. En estos episodios es cuando más se necesitan líderes que den mensajes reales, claros y contundentes y México está carente de esto.

El aislamiento también nos lleva a reflexionar sobre cómo vivimos, lo que realmente necesitamos y la rapidez a la que vamos. Este también será un cambio en las dinámicas sociales como las conocíamos hasta ahora y el camino todavía está por definirse.

 

*Todas las opiniones aquí expresadas son a título personal y no representan la visión de Citibanamex ni de ninguna otra Institución.

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Marco Mares
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