domingo , mayo 26 2019
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¿Cuánto tiempo tardaría en deteriorarse la economía?

Es difícil ver con claridad el escenario sobre el que la nueva administración se moverá en los siguientes años...

Daniela Blancas

Es difícil ver con claridad el escenario sobre el que la nueva administración se moverá en los siguientes años. Hay quienes están en un extremo negativo y construyen un escenario caótico de desaceleración económica inmediata, pérdida de confianza y una inminente metamorfosis de México a Venezuela. Me cuesta ver este escenario y le asigno una probabilidad baja de que ocurra. Por el contrario, el otro extremo (de un amplio espectro de posibilidades), donde las propuestas de López Obrador puedan cumplirse el siguiente año sin desequilibrar las finanzas públicas, ni la confianza de los inversionistas, también es poco probable. Excluyendo estos dos extremos, cualquier escenario es posible; sin embargo, me inclino por un escenario más negativo que positivo, dadas las señales que hemos visto desde el triunfo de López Obrador.

La fortaleza del marco institucional, la independencia de entes reguladores e instituciones, el gasto responsable, las políticas que incentiven la inversión de largo plazo, el desincentivo de la economía informal y la responsabilidad de los líderes políticos, son pilares fundamentales para el crecimiento y desarrollo de un país. Asimismo, me decanto a favor del gasto social responsable y eficiente, el fin de la corrupción, el acceso a educación publica y salud de calidad. No obstante, el deterioro de las primeras con la finalidad de alcanzar las segundas, me lleva a vislumbrar un escenario más negativo. Por lo tanto, la pregunta relevante es, ¿cuánto tiempo tardaría en materializarse este escenario negativo?

Este proceso de deterioro se puede analizar e intentar estimar desde muchos ángulos. Hay pocos ejemplos en la historia reciente a los que nos podamos apegar. No veo que México se convierta en el Venezuela ni de Chávez, ni de Maduro, ni en el Bolivia de Morales o la Argentina de los Kirchner. Dado que México disfruta de un marco económico e institucional más sólido, parecería más un gobierno al estilo de Dilma Rousseff en Brasil (2011-2016).

Usando el caso de Brasil, el deterioro macroeconómico fue heterogéneo durante el primer periodo de Dilma: i) la economía se desaceleró el primer año (previo a crecer a tasas muy elevadas), entrando a terreno negativo en el tercer año y posteriormente desencadenando la crisis más profunda que este país ha experimentado; ii) el déficit fiscal se mantuvo relativamente estable los primeros dos años de su gobierno, mientras que para el tercer el deterioro fue muy acelerado al pasar de un déficit cercano al 3% del PIB hasta cerca del 7%; iii) la moneda se depreció (real y nominalmente) durante todo el primer mandato; sin embargo, la depreciación se aceleró a partir del primer año de su mandato, cayendo por debajo de lo observado en otras monedas emergentes; iv) el primer recorte de calificación para Brasil vino hasta el tercer año de Rousseff por parte de S&P; sin embargo, para el cuarto año todas las calificadoras habían realizado al menos un recorte y, posteriormente, el país perdió el grado de inversión.

En contraste, la economía mexicana parte de niveles diferentes en muchas de estas variables: i) la economía actualmente crece alrededor de 2.0% anual (últimos cuatro trimestres promedio), en línea con lo observado en el mandato de Peña Nieto; ii) la posición fiscal, aunque se deterioró en el sexenio anterior, ha conseguido estabilizarse: el déficit fiscal se estima que alcance 2.5% del PIB este año y que la razón deuda a PIB cierre en 45.4%; iii) la moneda se encuentra en una posición más frágil, dada la depreciación real y nominal observada en los últimos años y; iv) las calificadoras están más preocupadas de lo que estaban en 2011 en Brasil y han sido vocales de posibles ajustes.

Considero que hacia adelante estos son los principales (aunque no todos) focos rojos que podrían acelerar el deterioro en México. Primero, y posiblemente el más relevante, el entorno económico en EUA es sólido, lo que ha impulsado también a la economía mexicana; no obstante, se estima que la economía estadounidense puede entrar en recesión a finales de 2019 o principio de 2020. Este choque externo sumado a un entorno de alta incertidumbre en México podría complicar significativamente el marco macro para la nueva administración. Segundo, la nueva administración tiene mucho mayor control en las Cámaras del que tenía Rousseff en su momento, lo que le da más grados de libertad para acelerar la aprobación de su agenda política que sugiere un potencial deterioro de los fundamentales macroeconómicos. Tercero, la popularidad de López Obrador es alta; sin embargo, si esta cae, el incentivo a gastar más en programas sociales (no necesariamente eficientes) incrementa, tal y como sucedió con Dilma. Y finalmente, la presencia de extranjeros en el mercado mexicano es significativamente más alta, por lo que un cambio estructural agresivo puede generar salidas de flujos y crear una reacción en cadena para los activos mexicanos. Así, es posible que el deterioro en México sea más acelerado de lo que ocurrió en Brasil y que para el segundo año del mandato de López Obrador, se puedan materializar varios de estos riesgos. Ojalá me equivoque.

Daniela Blancas

 

Todas las opiniones aquí expresadas son a título personal y no representan la visión de Citibanamex ni de ninguna otra Institución.

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