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Columna

La economía mexicana resiste, ¿por qué?

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Daniela Blancas

El INEGI publicó las cifras preliminares de crecimiento del PIB para la economía mexicana este lunes, las cuales reflejaron un avance de 1.8% anual en el segundo trimestre del año. Este desempeño estuvo por encima de las expectativas del mercado y se confirma que la economía mexicana se mantiene resistente en lo que va de 2017, pero ¿de dónde viene este crecimiento, en particular en un año que se percibía complejo?

Si descomponemos el crecimiento por sus tres grandes sectores, el sector primario (agricultura) creció 3.6% anual en la primera mitad del año, el sector servicios (cerca del 60% del PIB de la economía) avanzó un 3.4%, mientras que el sector industrial se estabilizó después de una algunos meses de caídas (0% anual). Por su parte, la demanda interna se mantiene fuerte. En particular, el consumo local es el gran motor económico desde 2015 y a pesar de moderar su crecimiento, el dinamismo ha sido mejor al anticipado: el empleo creció a tasas sólidas de 4.4% anual en julio y las remesas repuntaron 5.6% anual en el primer semestre del año, marcando niveles record en dólares. Por el contrario, los salarios reales caen por la elevada inflación y el crédito al consumo pierde fuerza (aunque crece a tasas sólidas).

Asimismo, la demanda externa ha recuperado fortaleza y las exportaciones recobran su ritmo de crecimiento. De hecho, las exportaciones manufactureras (88% de las exportaciones totales) crecieron 9.2% anual en la primera mitad del año. Por el contrario, la inversión sigue siendo el gran lastre de la actividad, tendencia que ya se venía mostrando desde mediados de 2015 pero con mayor fuerza en 2016.

Haciendo un poco de memoria, a principio de año, el consenso de la Encuesta de Citibanamex ubicaba las expectativas de crecimiento del PIB para 2017 en 1.2%, una vez incorporado el efecto del resultado en las elecciones en EUA.

Previo a esto, en octubre pasado, las expectativas se ubicaban en 2.3%, el mismo ritmo al que la economía creció en la primera mitad del año. Esto refleja que la economía se ha mantenido resistente y que las expectativas tan negativas de principio de año no se materializaron.

Y entonces, ¿dónde quedó el efecto Trump? A diferencia de las variables financieras, las cuales se ajustan rápidamente tanto en sentido positivo como negativo conforme la Administración Trump ha ido evolucionando, la economía mexicana no ajustó su dinámica. La incertidumbre no frenó el consumo local, o no como se esperaba a principio de año, las exportaciones han acelerado su tendencia pese a un corte más proteccionista de Trump, mientras que la inversión se ha frenado más por una menor inversión pública en infraestructura que por temores a las políticas de Donald Trump o inclusive por el nerviosismo asociado al ciclo electoral local en 2018.

Para alcanzar el pronóstico esperado de 2.0% anual para este año, la segunda mitad del año deberá desacelerarse moderadamente. No obstante, el crecimiento de 2017 no se ubicará significativamente por debajo del 2.3% que creció la economía en 2016 ni de su promedio de 10 años de 2.42%. La moderación del consumo y el dinamismo de las exportaciones seguirán siendo las variables a seguir para evaluar el desempeño de los siguientes meses. De momento, al igual que en las variables financieras, comenzamos la segunda mitad del año en un punto más favorable y resistente para enfrentar los futuros choques de 2017.

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Marco Mares
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