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Daniela Blancas

¿La globalización tiene posibilidades de sobrevivir?

La crisis del coronavirus expone la fragilidad del mundo globalizado

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Daniela Blancas, columna 2021

La crisis del coronavirus expone la fragilidad del mundo globalizado. Es el punto final a una lista de argumentos interminables que abogan por economías más cerradas, menor movilidad de personas, cadenas de producción integradas en el mismo país y, ahora, mayor posibilidad de contener enfermedades. Como en toda crisis, habrá un ajuste de paradigmas y muchas de las dinámicas que conocíamos, cambiarán. El coronavirus abre la puerta a los discursos populares, nacionalistas y antisistema, culpando fácilmente al modelo económico; sin embargo, atribuir a la globalización todos los impactos del coronavirus es un argumento obtuso.

Dejando de lado las teorías de la conspiración, la transmisión del virus fue mucho mayor por la alta movilidad de las personas; no obstante, la poca credibilidad en la propagación del virus, intensificó la transmisión. En efecto, este fenómeno ha puesto en claro las desventajas de un mundo globalizado y enfatiza la cada vez menor fe en el internacionalismo, la cooperación y la falta de liderazgo global. Varias economías decidieron cerrar rápidamente sus fronteras, otras limitaron la exportación de material de salud, los productores de petróleo entraron en una guerra de precios mientras se desplomaba la demanda y la cooperación internacional fue puesta en segundo plano. La recriminación entre países se profundizó.

La globalización se rige por la utilización eficiente de los recursos materiales y laborales, sin importar dónde estén. Esto ha llevado a una pulverización de las cadenas productivas y mayor rigidez para sustituir recursos, lo que detonó un freno agresivo en la producción industrial conforme las medidas de aislamiento y el cierre de plantas se llevaron al cabo. Sin embargo, la ventaja de estas cadenas integradas es mucho mayor al costo de tenerlas.

Ante esto, es probable que varias industrias con mayor facilidad para reubicarse, acerquen sus líneas de producción e inclusive que los lazos regionales se estrechen; sin embargo, no resulta un argumento sólido para dar por terminada la especialización y que la industria mundial se desmorone. Las ventajas competitivas y la división de trabajo seguirán siendo atractivas para muchas empresas, de hecho, la contracción económica profunda en economías emergentes podría hacer los recursos y la mano de obra más barata.

Más importante aún, la interrelación de las economías no sólo radica en la parte industrial, sino en la interacción cultural. Hoy por hoy, el intercambio ideológico es global, las principales universidades reciben alumnos del todo el mundo, el turismo tiene menos fronteras que nunca, el acercamiento digital de lugares remotos mantiene una alta curiosidad por otras culturas, idiomas, comida y nos acerca a una mente menos xenofóbica. Esta globalización cultural difícilmente se evaporará. Actualmente, el entramado cultural es mucho más fuerte que en procesos globalifóbicos pasados, dándole fuerza y solidez a la dependencia global.

El G-7 había jugado un papel importante para alcanzar esta cohesión internacional. Sin embargo, la Administración Trump se ha encargado de ir desmoronando los lazos de reciprocidad, perspectiva que no sólo no cambiará, sino que se intensificará. Trump está a sólo seis meses de su reelección y se enfrenta a una profunda recesión económica, lo que está cambiando las preferencias electorales y, en otras ocasiones, ha dado in giro en el resultado. Los demócratas se han decantado por apoyar a Joe Biden, el ex vicepresidente de Obama y quien es visto como una apuesta “segura”. Por el contrario, los republicanos ven cada vez más debilitado al presidente por el mal manejo de la crisis y urgen a reabrir la economía para llegar mejor posicionados a las elecciones. Con un poco de suerte, la crisis actual dará una buena razón para que la ciudadanía dé un voto de castigo a aquellos que manejaron mal dicha crisis, aunque el costo económico y de salud sea demasiado alto.

La crisis actual no debería ser tomada como un nuevo argumento para objetar la globalización, sino como una posibilidad para mejorar las fallas inherentes al sistema. Debe ser una oportunidad para reforzar las políticas que cierren cada vez más las brechas de inequidad entre países y al interior de los mismos y reforzar la necesidad de la buena voluntad internacional. El resultado electoral de los siguientes meses estará inevitablemente influenciado por la gestión de la crisis y los votantes tendrán la posibilidad de reajustar la brújula nuevamente.

 

*Todas las opiniones aquí expresadas son a título personal y no representan la visión de Citibanamex ni de ninguna otra Institución.

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Marco Mares
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