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Carlos González

Cuando el futuro nos alcanzó

La epidemia de COVID-19 se ha convertido en el origen de una grave crisis económica y financiera

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Carlos González, Columna

COVID-19 empezó con un brote en China a finales del año pasado y ahora se ha convertido en una  pandemia de cerca de un millón de contagiados, con una tasa de letalidad promedio cercana al 5%  a nivel mundial. Una crisis de salud que ha rebasado a los sistemas hospitalarios de los gobiernos de todo el mundo se ha convertido en el origen de una grave crisis económica y financiera, y, por  lo tanto, en el principio de la próxima recesión económica mundial.

Las diferentes economías prácticamente se han parado durante la contingencia (nunca visto), y a  pesar de la globalización, observamos cierre de fronteras y restricciones a la movilidad con  consecuencias importantes en diferentes productos y servicios. Gobiernos y Bancos Centrales han  anunciado una serie de medidas de estímulos para impulsar a sus economías, desde recortes  agresivos en tasas de interés, inyección de liquidez, hasta estímulos fiscales.

La mayor preocupación de los Organismos Internacionales, Bancos Centrales y Gobiernos es  recuperar la actividad económica lo antes posible, mantener en la medida de lo posible las  cadenas de suministro, la productividad y las fuentes de empleos. Sin embargo, el gran reto será la  posición financiera con la que cuente cada país, pero principalmente su margen fiscal para hacer  frente a la crisis y apoyar a las empresas o individuos que más lo necesiten.

No obstante, considerando que muchos países, principalmente emergentes, mantienen una posición vulnerable  y con poco margen de maniobra ante un menor ritmo de crecimiento, caída en los precios de los  commodities (como el cobre o el petróleo) y altos niveles de endeudamiento como proporción de  su PIB, no sería descartable observar una crisis de gobernabilidad, principalmente en materia de  seguridad, en lo político y en lo social.

Por el lado corporativo, aquellas empresas con una elevada estructura de gastos, un elevado  endeudamiento, bajo nivel de efectivo o un perfil financiero comprometido, podrían verse más  perjudicadas, al grado de llegar a un escenario de quiebra. Es importante comentar que las  empresas no quiebran por problemas de operatividad, si no por falta de liquidez, por lo que será  sumamente importante la posición que adopten los Gobiernos para ayudar a las empresas a  resistir, a mantenerse a flote, identificando industrias y sectores clave que podrían verse  seriamente afectados.

En estos momentos es difícil visualizar un escenario para un día después de que toda esta difícil coyuntura termine. Hoy en día es incierto cuándo regresaremos a la “normalidad”; probablemente  sea gradual, y mucho más probable que entremos a una nueva “normalidad”. No podemos  esperar que ante un cambio estructural como el que estamos viviendo actualmente, regresamos a  la dinámica previa. Los tiempos cambiaron, lo que en algunos casos venía siendo un proceso de  adaptación paulatina ahora será acelerado.

En este sentido, un punto crítico es la capacidad tecnológica con la que cuenten las empresas,  aquellas que pospusieron inversiones en tecnología, podrían estar totalmente fuera de mercado.

La disrupción tecnológica llegó para quedarse, desde servidores en la nube, capacidad de hacer  “home office”, eficiencias en producción, hasta procesos en la distribución, comercialización y  logística. Si muchas empresas aún se resistían al cambio por la razón que fuera, las nuevas  circunstancias las obligarán a hacerlo de manera acelerada o quedarán fuera del mapa.

Otro punto adicional será la imaginación y creatividad que tengan las empresas para adaptarse a  los nuevos cambios. La crisis será temporal, como cualquier otra, pero los cambios serán  irreversibles. Es inevitable señalar que los hábitos de consumo sin duda cambiarán de ahora en  adelante y las empresas que mejor y más rápido se adapten podrían verse no sólo defensivas, si no  más favorecidas e incluso ganar participación de mercado.

A partir de ahora debemos preguntarnos ¿qué sectores, productos y servicios serán los más  beneficiados? ¿cuáles surgirán? ¿cuáles se mantendrán o sobrevivirán? y ¿cuáles podrían quedar  totalmente obsoletos o incluso desaparecer con las nuevas tecnologías y tendencias de consumo?

Por último, es posible observar una nueva reestructura o reconversión de industrias,  probablemente algunas de ellas puedan tener mayor intervención del Estado, incluso podría haber  nuevas regulaciones, incentivos o limitantes, no es descartable el surgimiento de mayores  medidas proteccionistas, nacionalismos y mayores restricciones entre fronteras tanto en el  comercio, como en la movilidad.

 

Carlos Alberto González Tabares / Director de Análisis de Monex Casa de Bolsa

[email protected]/ @carlosgtabares; @monexanalisis

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