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Al etiquetado frontal para alimentos, ¿cómo le está yendo en Chile?

Falta sumar otras medidas para disminuir los índices de obesidad, señaló la Dra. Marcela Reyes

etiquetado frontal
Foto: Ministerio de Agricultura de Chile

El nuevo etiquetado frontal para alimentos y bebidas no alcohólicas ya es oficial.

A pesar de las intentos del empresariado por mantener la NOM-051 en el limbo de los tribunales, la Secretaría de Economía publicó las nuevas disposiciones para el etiquetado frontal el viernes 27 de marzo en el Diario Oficial de la Federación (DOF).

La renovación de la norma fue controversial desde que se presentó al público. Caracterizada por los infames octágonos negros que advierten sobre el alto contenido de azúcar, grasas trans, sodio y otros componentes potencialmente dañinos para la salud si se consumen en exceso, la regulación fue implementada para reducir la ingesta de ciertos productos como bebidas azucaradas, cereales endulzados y demás en un país con índices alarmantes de obesidad.

Para el sector empresarial -y el agroalimentario en especial-, las nuevas disposiciones de la NOM-051 representan una medida excesiva en el combate a la epidemia de obesidad que sufre el país. Además, éstas tienen el potencial para asestar un golpe severo a la industria productora de artículos como pan dulce, cereales para el desayuno, refrescos, lácteos, jugos, galletas, etc..

Pero, ¿qué tan radical es el nuevo etiquetado frontal? ¿Cuáles podrían ser sus efectos sobre las ventas y, más importante aún, sobre los hábitos de consumo de la población?

Para responder esta pregunta, Fortuna y Poder contactó a la Dra. Marcela Reyes Jedlicki, investigadora del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile.

Las nuevas disposiciones de la NOM-051 en México están directamente inspiradas en legislación implementada en Chile desde 2016. Según Reyes Jedlicki, el etiquetado parece estar cumpliendo su propósito: reducir el consumo de alimentos altos en sodio, azúcares, grasas trans, etc. Sin embargo, todavía quedan detalles por afinar.

 

Faltan medidas más efectivas para hogares de menor ingreso

Un estudio publicado en febrero en la revista Plos One apunta a que el volumen de compra de bebidas altas en azúcares disminuyó 23.7% en Chile desde que se implementó el nuevo etiquetado.

El paper -en el que participó Reyes Jedlicki- señala, sin embargo, que la reducción en términos relativos fue mayor en familias de más ingreso, en las que es común un mayor grado de educación nutricional.

Es decir, mientras que la reducción neta en la compra de bebidas azucaradas fue prácticamente igual en familias de mayor y menor ingreso, la caída fue más amplia en términos porcentuales dentro de hogares pertenecientes a grupos socioeconómicos más beneficiados. Esto se debe a que, de entrada, estos hogares ya compraban menos bebidas con alto contenido de azúcar.

«Lo que mostramos ahí es que funciona igual para los diferentes tipos de hogares. Lo que pasa es que necesitamos además complementar con otras medidas. La idea no es solamente no aumentar la brecha [de salud], sino que necesitamos disminuirla. Entonces, como ellos [los hogares de menor ingreso] parten tomando más bebida, necesitamos complementarlo con algo que impacte más aún en ellos«, explicó Reyes Jedlicki en entrevista telefónica.

México es uno de los países con mayores índices de obesidad en el mundo. De hecho, tiene la desgracia de ocupar los niveles más altos de obesidad infantil a nivel global.

Esta epidemia -así se le califica ya- pega con mayor fuerza a personas de menor ingreso, una realidad visible tanto en Chile como en México.

“En países en desarrollo […] el número de personas con obesidad vienen al alza. Esta paradoja [pobreza-obesidad] está relacionada tanto a la fácil disponibilidad como al bajo costo de alimentos altamente procesados con ‘calorías vacías’ y cero valor nutricional”, explica un artículo científico publicado en la revista especializada Annals of Agricultural and Environmental Medicine en 2014.

La Dra. Reyes Jedlicki sugirió el uso medidas adicionales dirigidas específicamente a atacar el alto consumo de este tipo de productos entre familias de menor ingreso. Mencionó, entre otras, un impuesto al azúcar y componentes similares, como el que ya existe en México.

 

Difícil saber qué es la reformulación

Al menos en teoría, la reformulación representa una de las salidas seguras para los productores de alimentos altos en azúcares y otros componentes frente al nuevo etiquetado frontal.

Sin embargo, es difícil definir lo que es una reformulación de producto.

“Es difícil decir en el fondo qué alimento reformuló, porque basta con que haya bajado un gramo de azúcar para que uno diga que reformuló […] No está bien definido qué es reformular”, apuntó Reyes Jedlicki.

Del lado mexicano, una de las quejas más persistentes del empresariado es que la NOM-051 no incentiva la reformulación de productos, dejando a las compañías sin una salida de emergencia cuando llegue el nuevo etiquetado.

Reyes Jedlicki señala que en Chile tampoco hay incentivos específicos en la legislación para que se reformulen los productos, más allá de la presión del etiquetado mismo. Sin embargo, añadió, ella y otros investigadores han notado una disminución en azúcares y otros componentes dentro de grupos enteros de alimentos, como yogures, cereales de desayuno, leches, entre otros.

 

Los empresarios ya no pelean, pero sí sugieren

Mientras que la IP mexicana se lanzaba a la carga en los tribunales contra el nuevo etiquetado, los empresarios chilenos ya habían dejado de pelear.

«Hay algunas pocas que lo pelean pero no desde el punto de vista legal […] Lo que sí es que algunas empresas en particular están proponiendo lo que ellos dicen que es una adaptación o una mejoría desde el punto de vista de ellos del etiquetado, como para incluir más información», explicó la investigadora.

De manera similar a sus contrapartes mexicanos, los empresarios chilenos piden que el etiquetado especifique las cantidades de grasas, sodio, azúcares o demás componentes sobre los que advierta la etiqueta.

Aunque suena útil, agregar más información a la etiqueta podría ser contraproducente “desde el punto de vista técnico”, indicó Reyes Jedlicki. Cargar el etiquetado con datos nutricionales afectará la simplicidad del diseño, dificultando el entendimiento de los compradores.

 

Más allá del etiquetado frontal

El etiquetado frontal, con la advertencia de sus octágonos negros, representa un paso importante para el combate a la obesidad en el país, mas no será suficiente.

“El problema de la obesidad para nosotros es realmente grande. Entonces no podemos esperar que una sola medida lo elimine. Necesitamos sumar muchas medidas distintas», indicó la Dra. Reyes Jedlicki.

Por el momento se están explorando medidas adicionales no sólo para desincentivar el consumo de productos nutricionalmente dañinos, sino para incentivar el consumo de alimentos saludables también.

Impuestos a los productos más dañinos, subsidios y hasta cupones para incentivar la compra de comida saludable son algunas de las medidas lanzadas al aire como posibles soluciones adicionales. El punto es que el etiquetado no sea la única arma en el frente de ataque a la epidemia de obesidad.

 

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